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UN NUEVO EQUILIBRIO GLOBAL - EL DESAFÍO DEL LIDERAZGO

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Su Alteza Real, Señor Presidente, Gobernadores, distinguidos invitados:

Es un gran placer para mí darles la bienvenida a la extraordinaria ciudad de Dubai con ocasión de las Reuniones Anuales del Banco Mundial y el FMI.

Quisiera expresar mi profundo reconocimiento al Gobierno y al pueblo de los Emiratos Árabes Unidos por su cálida hospitalidad, los magníficos preparativos -basta mirar este extraordinario salón- y la dedicación con que han trabajado para asegurar el éxito de nuestras reuniones.

Muchas gracias, Presidente Villiger, por sus observaciones y por la forma en que ha dirigido estas reuniones.

Deseo también dar las gracias a mi amigo, Horst Köhler, y a nuestros colegas del FMI por otro año de estrecha y eficaz colaboración.

La región y el mundo

Es la primera vez que nos reunimos en Oriente Medio y lo hacemos en un momento crucial. Los ojos del mundo están puestos en la región y también en nosotros.

Nos reunimos nada menos que 184 naciones con la responsabilidad de dar muestras de liderazgo y fijar un rumbo claro hacia el desarrollo y la paz.

Nos reunimos en una atmósfera de conflicto y pérdida.

El horror del ataque al complejo de las Naciones Unidas en Baghdad está grabado a fuego en nuestro recuerdo, renovado por el atentado de ayer. Lamentamos la muerte de Sergio Vieira de Mello, un servidor humanitario excepcional que dedicó su vida al desarrollo y con quien colaboramos estrechamente en muchos países que se han visto afectados por conflictos.

Lamentamos la muerte de la Dra. Alya Sousa, nuestra colega del Banco, también víctima del terrorismo. Era una distinguida profesional, que no escatimaba esfuerzos por ayudar a sus colegas. Una persona extraordinaria.

Visité a ambos apenas unos días antes del ataque. Como todos ustedes, quisiera expresar mis condolencias a las familias de quienes perdieron la vida o resultaron heridos en la explosión. Qué mundo tan triste, cuando los que buscan la paz se convierten en blanco de atentados.

El mejor homenaje a la memoria de Sergio, Alya y todos los que han fallecido es continuar su tarea.

Puedo asegurarles que el Banco está empeñado en ayudar al pueblo de Iraq, de la misma manera que hemos tratado de ayudar a la población de Afganistán, Bosnia y Herzegovina, Kosovo, Timor-Leste y la Ribera Occidental y Gaza. Uno de los resultados de nuestros esfuerzos es la evaluación de las necesidades que nosotros y nuestros colegas del FMI y de las Naciones Unidas presentaremos a los donantes en Madrid el mes que viene. Estamos sumamente interesados en contribuir al proceso de reconstrucción en los próximos años.

El Banco trabaja en esa región desde hace más de medio siglo. De hecho, nuestro primer préstamo para ella se otorgó a Iraq en 1950 para la construcción de obras de control de las crecidas del Tigris y el Éufrates.

Los proyectos que respaldamos actualmente financian viviendas populares en Jordania, microcréditos a las mujeres de Yemen, el fortalecimiento de la capacidad para un nuevo Estado-nación en la Ribera Occidental y Gaza, y la cooperación de 10 países de la cuenca del Nilo para abastecer de agua a 300 millones de personas en la actualidad, y 600 millones dentro de 25 años. Ayudamos también a Arabia Saudita con asistencia técnica reembolsable.

Los conocimientos y el intercambio de ideas son fundamentales para nuestra colaboración. Por ello, hemos preparado, en colaboración con estudiosos y expertos de la región, cuatro nuevos informes sobre el empleo, el comercio, el género y la gestión pública. Por ello, nuestro sitio web, y su abundante acervo de enseñanzas extraídas de las actividades de desarrollo, se presenta también en árabe.

Esta es una región muy antigua, que ha aportado a la civilización un rico legado en el ámbito de la ciencia, las matemáticas, la cultura y la religión. Sin embargo, es también una región joven, donde un asombroso 60% de la población tiene menos de 25 años.

Hoy quisiera ofrecer mis comentarios especialmente a los jóvenes de Oriente Medio y del mundo.

La semana pasada me reuní en París con dirigentes juveniles representantes de organizaciones que tienen más de 120 millones de miembros en todo el mundo. Participaron también en la reunión jóvenes de zonas rurales y niños de la calle; niños huérfanos por el SIDA y los conflictos civiles; jóvenes del marginado pueblo romaní, y jóvenes con discapacidades.

Se reunieron en un clima de paz y de respeto mutuo. Preguntaron por qué nuestra generación no podía hacer otro tanto.

Dijeron: estamos dispuestos a ser parte de la solución y a colaborar. Pero también dijeron: no queremos un futuro basado sólo en consideraciones económicas; debe haber algo más. Pusieron en tela de juicio nuestros valores y creencias.

Mis colegas y yo quedamos impresionados por su pasión e idealismo. Invitamos a cuatro representantes a estar hoy aquí entre nosotros para que fueran testigos de nuestro compromiso común.

Pronto, en las oficinas del Banco en los países comenzarán a trabajar jóvenes para ayudar a examinar proyectos y sugerir iniciativas, como ocurre ya en Japón y Perú. También pediremos a los gobiernos que hagan posible que los jóvenes participen en debates sobre las estrategias de reducción de la pobreza. Dentro de 12 meses, volveremos a reunirnos para evaluar cuánto hemos logrado avanzar en nuestra relación de colaboración.

Señor Presidente, para el año 2015 habrá 3.000 millones de personas de menos de 25 años. Ellos son el futuro. Pero, tal como dijeron con tanta convicción los jóvenes en París, también son el ahora.

Y han depositado en nosotros grandes esperanzas.

Para responderles, debemos ocuparnos de las fuerzas fundamentales que configuran nuestro mundo. En muchos aspectos, son fuerzas que han provocado un desequilibrio:

En un mundo de 6.000 millones de habitantes, 1.000 millones poseen el 80% del PIB mundial, mientras que otros 1.000 millones luchan por subsistir con menos de US$1 al día. Este es un mundo falto de equilibrio.

En los próximos 25 años, los países ricos tendrán 50 millones más de habitantes. En los países pobres habrá unos 1.500 millones más de personas. Muchas de ellas experimentarán la pobreza, el desempleo y el desencanto de lo que considerarán un sistema global sin equidad. Un número cada vez mayor se desplazará a otro país para buscar trabajo. La migración pasará a ser una cuestión crucial.

También existe un desequilibrio entre lo que los países ricos gastan en asistencia para el desarrollo -US$56.000 millones al año- y los US$300.000 millones que destinan a subvenciones agrícolas y US$600.000 millones para gastos de defensa. Los propios países pobres gastan US$200.000 millones en defensa, es decir, más de lo que gastan en educación. Otro gran desequilibrio.

Se prevé que los países en desarrollo crecerán dos veces más aprisa que los países desarrollados, pero muchos de ellos necesitarán ayuda para salvar la diferencia entre ricos y pobres. Las presiones sobre el medio ambiente y los recursos naturales, como el agua, pasarán al primer plano. La interdependencia se hará más patente. Aumentarán las oportunidades, pero también los peligros.

Hace tres años, dirigentes de todo el mundo se reunieron en la Cumbre del Milenio para analizar el futuro. Se comprometieron a reducir la pobreza a la mitad para el año 2015. Acordaron los objetivos de desarrollo del milenio en materia de salud, educación e igualdad de oportunidades para la mujer. Fijaron metas para el medio ambiente, desde el agua que bebemos hasta la conservación de los bosques y océanos de nuestro planeta.

Se trata de objetivos loables. Muchos líderes encomiaron su alto contenido moral. Son nuestra responsabilidad humana, pero también redundan en beneficio de todo el mundo. Celebraron un pacto, expresado en las reuniones de Monterrey y Johannesburgo.

· Los países en desarrollo prometieron mejorar la función de gobierno, crear condiciones propicias para la inversión, establecer sistemas jurídicos y financieros transparentes, y luchar contra la corrupción.
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· Los países desarrollados convinieron en respaldar esos esfuerzos haciendo más hincapié en el fortalecimiento de la capacidad, aumentando la ayuda y abriendo sus mercados al comercio.
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Hubo un acuerdo sin precedentes sobre este pacto y sobre las medidas necesarias para cumplirlo. ¿Cuáles han sido los resultados?

Las políticas y la función de gobierno de los países en desarrollo nunca han sido más sólidas. Como señalé, estas naciones están creciendo a un ritmo mucho más acelerado que los países ricos. Pero estas buenas noticias no deberían hacernos perder de vista otras realidades importantes. El avance en la lucha contra la pobreza varía considerablemente de una región a otra.

China, con 1.300 millones de habitantes, logrará la mayoría de los objetivos del milenio. India, con una población de 1.000 millones, está bien encaminada para alcanzar la meta relativa a la reducción de la pobreza.

Pero en muchos otros países no se alcanzarán los objetivos del milenio.

La situación de África al sur del Sahara, con sus 600 millones de habitantes, será la más desfavorable. El número de personas que vive en la pobreza absoluta aumentará, no disminuirá. Sólo la mitad de los niños africanos terminará la escuela primaria, y uno de cada seis niños morirá antes de cumplir los cinco años, muchos de ellos a causa del SIDA.

Como los jóvenes con quienes me reuní en París, me pregunto: ¿Por qué?

Parte de la explicación es que las reformas no se están llevando a cabo con suficiente rapidez en las naciones en desarrollo. Todavía existe demasiado amiguismo y demasiada corrupción. En casi todos los países es de conocimiento general dónde están los problemas y quiénes son los responsables. Para ser francos, faltan medidas audaces y coherentes contra la corrupción, sobre todo en los más altos niveles de influencia.

¿Qué ocurre con la parte del pacto global que corresponde a los países desarrollados? También en este caso se observan progresos:

· En Monterrey se efectuaron compromisos de aumentar la ayuda en unos US$16.000 millones al año para 2006;
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· Hubo importantes promesas de recursos para la lucha contra el VIH/SIDA y el paludismo, y para la prevención de conflictos y la reconstrucción, y
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· Mejoró la forma en que se asignan y utilizan los recursos, incluida una mayor armonización de las actividades de los donantes, como en el acuerdo alcanzado en Roma a principios de este año.
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No obstante, estas medidas, aunque dignas de elogio, no se corresponden con las promesas que se han hecho.

En Dakar, los donantes declararon que ningún proyecto de educación primaria valioso quedaría sin fondos. Prometieron contribuir a la iniciativa Educación para Todos, que requiere varios miles de millones de dólares de financiamiento adicional en forma de donaciones durante un período de cinco a 10 años. Sin embargo, actualmente, en el marco de la iniciativa Vía Rápida, se ha prometido financiamiento únicamente a siete países, por un total de sólo US$200 millones durante tres años, que alcanzará para la educación de menos del 5% de los 115 millones de niños que no asisten a la escuela.

Naturalmente, esto hace que a los países en desarrollo les preocupe de dónde provendrán los recursos adicionales que les ayudarán a abrir escuelas, contratar maestros, y hacer planes en materia de enseñaza primaria y secundaria.

Les preocupa también que no puedan contar con los recursos necesarios para alcanzar otros objetivos, que el alivio de la deuda no sea suficiente, y que los fondos se destinen a superar las crisis más recientes o a combatir las drogas o el terror, más que al desarrollo a largo plazo. Les preocupa que sólo la mitad de los actuales flujos de ayuda les lleguen en forma de transferencias directas en efectivo para sus programas. Y les preocupa que los reembolsos de la deuda estén limitando seriamente su capacidad para crecer. Los países en desarrollo creen que han realizado considerables esfuerzos por cumplir su parte en este pacto global, pero no ven una respuesta adecuada del otro lado.

Un ejemplo ilustrativo es el reciente punto muerto al que se llegó en Cancún. Dos terceras partes de la población más pobre del mundo depende de la agricultura para obtener sus medios de vida. En opinión de los países en desarrollo, las naciones ricas formularon propuestas sobre el comercio mundial que no respondían a sus peticiones fundamentales en este ámbito crucial. Consideraron también inaceptable una visión de las negociaciones según la cual se espera que ellos se limiten a responder a las propuestas de los países ricos.

En Cancún, los países en desarrollo indicaron su decisión de presionar en favor de un nuevo equilibrio. Indicaron que debe haber mayor equilibrio entre los países ricos y poderosos, y los países pobres y populosos. Indicaron que, para que haya paz y desarrollo sostenible, deben cambiar las prioridades. Debe haber más cooperación.

El hecho es que el nivel de la ayuda nunca ha sido tan bajo como lo es hoy. Ha caído del 0,5% del PIB a principios del decenio de 1960 a cerca del 0,22% en la actualidad. Y eso ha ocurrido en un momento en que los ingresos de los países desarrollados han sido más altos que nunca.

En este contexto, el Banco ha examinado atentamente cómo podría acelerarse el progreso hacia los objetivos del milenio con mejores políticas, una utilización más eficaz de la ayuda y mayores volúmenes de la misma. Nuestro análisis, basado en los planes vigentes, ha puesto de manifiesto lo siguiente:

· Primero, gracias a las mejoras en muchos países en desarrollo y a los progresos en la asignación de la asistencia para el desarrollo, hoy la ayuda se está utilizando hoy con mayor eficacia que nunca.
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· Segundo, nuestro análisis señala que los países en desarrollo fácilmente podrían absorber el doble de los US$16.000 millones adicionales anuales prometidos en Monterrey para el año 2006.
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Y se trata de una estimación conservadora. La suma adicional de US$50.000 millones anuales, propuesta por el Ministro Brown, podría utilizarse muy rápidamente de manera eficaz.

Estas perspectivas de financiamiento alentarían a los países en desarrollo a acelerar las reformas. Es más probable que los líderes adopten medidas si saben que recibirán recursos continuamente. Se abstendrán de actuar si no existe certeza respecto del financiamiento de las reformas y los beneficios que se derivarán de ellas.

Las medidas relacionadas con el comercio son igualmente importantes. Es una contradicción predicar los beneficios del libre comercio y mantener las mayores subvenciones y barreras precisamente para los productos respecto de los cuales los países pobres gozan de ventaja comparativa. Los países en desarrollo deben también ayudarse a sí mismos en esta esfera, ya que pagan considerables aranceles en el comercio Sur-Sur.

No será posible devolver el equilibrio a nuestro mundo a menos que se realicen esfuerzos serios para lograr que la opinión pública comprenda mejor la importancia de la pobreza y la desigualdad. Mi generación creció creyendo que había dos mundos, el de los ricos y el de los pobres, y que ambos se encontraban en general muy lejanos. No era cierto entonces, y ahora todavía menos.

El muro que muchas personas creían que separaba a los países ricos de los pobres se derrumbó hace dos años, el 11 de septiembre.

Estamos vinculados de muchas maneras, no sólo por el comercio y las finanzas, sino también por la migración, el medio ambiente, las enfermedades, las drogas, la delincuencia, los conflictos y, por cierto, el terrorismo. Estamos unidos -ricos y pobres- por el deseo común de conseguir un mundo mejor para nuestros hijos, y por la convicción de que si fracasamos en nuestra parte del planeta, el resto se vuelve vulnerable. Ese es el verdadero significado de la globalización.

Sabemos que son las cuestiones internas las que determinan los resultados de las elecciones. Pero son las cuestiones de alcance mundial, y en particular la pobreza, las que configuran el mundo en que viven nuestros hijos. Los líderes deben promover el desarrollo; en definitiva, es una cuestión tanto interna como internacional.

Tenemos que aprender sobre los demás países y culturas, y respetar sus valores y aspiraciones. Debemos transmitir a nuestros hijos esas enseñanzas sobre el resto del mundo. Los jóvenes con los que me reuní en París viven como ciudadanos del mundo. Conocen su propia cultura, pero respetan la de los demás.

Al igual que los jóvenes de Dubai. El pasado domingo, el Banco convocó una conferencia en el Women's College de esta ciudad. Nos conectamos por videoconferencia con jóvenes alumnas de Afganistán, Etiopía, Jordania, Turquía, Uganda, Estados Unidos y Yemen. Cuando se les preguntó qué temas deseaban debatir, mencionaron los siguientes: la educación de las niñas, el respeto por las diversas culturas y religiones, los estereotipos, los sueños, la equidad entre los sexos, la ética, el arte y la unidad a través de la diversidad.

Así opinaron jóvenes mujeres que viven en esta ciudad. Son ciudadanas del mundo. Dubai puede sentirse muy orgullosa de ellas, tal como me siento yo.

Es un aliciente saber que una encuesta mundial realizada hace unos meses ha revelado que muchas personas de todo el mundo se dan cuenta del vínculo que existe entre la pobreza y la estabilidad. En algunos casos, lo ven con más claridad que sus líderes.

Señor Presidente, he señalado cómo las naciones pueden estar a la altura de sus responsabilidades, lo que también cabe a las instituciones de desarrollo.

En colaboración con los gobiernos, la sociedad civil y el sector privado, hemos ayudado a los países en desarrollo a alcanzar los logros conseguidos en los últimos 40 años. La esperanza de vida ha aumentado 20 años y el analfabetismo se ha reducido a la mitad. Pero ahora, cuando quedan sólo 12 años para alcanzar los objetivos del milenio, las organizaciones multilaterales y bilaterales deben elevar la apuesta.

Eso significa pasar de proyectos individuales -proyectos que "hacen sentir bien"- a la búsqueda de resultados en gran escala, en 50 ó 500 aldeas, o en 5.000.

En lo que respecta al Grupo del Banco, estamos estudiando seriamente cómo mejorar, cómo extender los programas que producen resultados satisfactorios.

En la actualidad, tenemos más de 2.500 funcionarios destacados en el terreno, para que estén más cerca de nuestros clientes. Estamos acortando el tiempo de preparación de los proyectos. En los proyectos que respaldamos, la proporción de los que consiguen resultados satisfactorios ha subido del 71% en 1995 al 85% el año pasado. El desempeño en materia de políticas y la buena gestión de los asuntos públicos reciben ahora prioridad en nuestro diálogo con los países.

Estamos haciendo grandes esfuerzos en relación con el SIDA, la educación y el abastecimiento de agua, e intensificando nuestra atención a la infraestructura básica. En colaboración con el FMI y con nuestros asociados en la Iniciativa para los PPME, estamos ofreciendo unos US$52.000 millones de alivio de la carga de la deuda a 27 países de ingreso bajo. Y continuamos respondiendo a las necesidades de los países de ingreso mediano, donde viven muchos de los pobres del mundo.

Estamos incrementando el uso de la tecnología. Tenemos más de 100 de nuestras oficinas conectadas por satélite. Celebramos 1.500 videoconferencias cada mes, y llegamos a más de 60 países cada día. El Portal del Desarrollo tiene unos 100 socios, que contribuyen a fortalecer la capacidad y a ofrecer una base de información para la comunidad del desarrollo.

Estamos introduciendo una nueva "tarjeta de cliente", que ofrece a las autoridades y a los jefes de equipo la misma información en la Web que nosotros utilizamos para gestionar los proyectos, proporcionar información financiera y realizar investigaciones en forma confidencial. Es un poderoso instrumento para la implementación y, sobre todo, para la transparencia.

Los demás miembros de la familia del Grupo del Banco están también progresando:

· La CFI está alentando la inversión privada en pequeñas y medianas empresas -también en África- e introduciendo nuevos enfoques, como el intercambio de derechos de emisión de carbono.
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· El OMGI ha seguido incrementando su atención a los países de ingreso bajo: el año pasado, más de la mitad de sus garantías fueron para naciones que sólo pueden recibir financiamiento de la AIF.
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En la encuesta a la que me he referido antes, la gente afirmó que reconocía la mayor orientación hacia los clientes, eficacia y pertinencia del Banco. Pero nos señalaron que no debíamos cejar en nuestros esfuerzos por ser menos burocráticos y más flexibles, y lograr más resultados. Nos tomamos esas conclusiones muy en serio.

La próxima primavera copatrocinaremos en Shanghai, junto con el Gobierno de China, una conferencia sobre la manera de intensificar los esfuerzos orientados a la reducción de la pobreza; adoptar programas eficaces y ampliar su escala; hacer que los pobres sean la principal fuerza impulsora del cambio y no destinatarios de medidas de beneficencia, y administrar los programas para lograr resultados que produzcan un verdadero cambio. Espero que muchos de ustedes nos acompañen en Shanghai.

Situar nuestros esfuerzos en una nueva dimensión es el desafío para la comunidad internacional. Es el desafío para el Banco, y nuestro calificado equipo está dispuesto a asumirlo.

El momento de la acción

Señor Presidente, ha llegado el momento de mirar con imparcialidad y firmeza hacia el futuro. Nuestro planeta está falto de equilibrio: es demasiado el control que está en manos de muy pocos, y son demasiados los que tienen muy poco que esperar. Hay demasiada confusión, demasiadas guerras, demasiado sufrimiento.

Los datos demográficos señalan que en el futuro aumentará el desequilibrio entre personas, recursos y medio ambiente. Si actuamos juntos ahora, podemos producir un cambio favorable en el mundo. Si no lo hacemos, nuestros hijos deberán resolver problemas aún mayores y de más difícil solución.

Debemos buscar un nuevo equilibrio para nuestro mundo, a fin de dar a todos la oportunidad de gozar de una vida segura, con derecho a la expresión, igualdad de derechos para la mujer, derechos para las personas con discapacidades y para los desfavorecidos, el derecho a un medio ambiente limpio, el derecho de aprender, el derecho al desarrollo.

No son objetivos exóticos. Todos nosotros, ricos y pobres, queremos lo mismo. Ahora es el mejor momento para emprender un esfuerzo común con el fin de lograr un mundo mejor.

Ustedes son los líderes mundiales que pueden conseguir que esto se haga realidad. Toda demora es imperdonable. Es la hora de mostrar valor e iniciativa para una nueva visión del futuro.

Señor Presidente, no hablo como un soñador o un filósofo. Como todos ustedes, yo también tengo una familia y me preocupo por su futuro. Disponemos de los recursos para marcar una diferencia. Sabemos cómo hacerlo y tenemos el valor para hacerlo. Debemos actuar ahora para marcar esa diferencia.

Todos nosotros compartimos este planeta. Ha llegado la hora de restablecer el equilibrio en la forma en que lo utilizamos. Avancemos en la lucha contra la pobreza, establezcamos la equidad y aseguremos la paz para la próxima generación.

Respondamos a los jóvenes de París y a las estudiantes de Dubai que pueden confiar en nosotros y que actuaremos hoy, aquí, en Dubai.

Gracias.





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