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Señor Presidente: No podemos cerrar los ojos ante datos que con todo rigor hay que calificar de dramáticos: seis millones de refugiados, veinte millones de desplazados internos, más de 120 millones de analfabetos, una altísima mortalidad infantil, y el impacto del SIDA. Tenemos una responsabilidad compartida de actuar para cambiar radicalmente esta realidad de África. Pero África, en su complejidad, es también fuente de esperanza. Llegan en los últimos tiempos llegan noticias positivas para ese continente y para el resto del mundo; junto a los procesos de paz que progresan, destaca la transformación de la Organización para la Unidad Africana en la Unión Africana, y su marcado acento en el componente de integración en el que como española y europea confío como catalizador del progreso económico y social. Al mismo tiempo, las cumbres de Monterrey y Johanesburgo han centrado su atención en la lucha contra la pobreza en el continente africano; y, en este contexto, hay que resaltar que durante la reciente Presidencia española, y en el marco del consenso de Monterrey, se alcanzó un acuerdo entre los países de la UE que implicará una movilización acumulada y adicional de 20.000 millones de dólares hasta el año 2006. Dentro de este entramado, la NEPAD es una iniciativa crucial. Permítanme destacar la coherencia y el equilibrio de las prioridades políticas, económicas y sociales que plantea la paz y la seguridad, la gobernabilidad política, económica y empresarial, la valorización de los recursos humanos, la creación de infraestructuras básicas, el acceso a los mercados globales y la protección del medio ambiente. Estas prioridades de la NEPAD se pueden resumir, en realidad, en dos: la solución de los conflictos y la erradicación de la pobreza, cuyas secuelas sufre la población africana en forma de tráfico de armas, del drama de los “niños soldado”, de los mutilados por las minas terrestres, de la falta, cuando no destrucción, de infraestructuras básicas, y de la difusión de las enfermedades infecciosas, incluido el gravísimo problema ya mencionado del SIDA. España acoge con la mayor satisfacción el decidido liderazgo africano que la Iniciativa NEPAD manifiesta, prueba de la responsabilidad que los Estados africanos asumen en la gestión de su desarrollo; es especialmente positivo que sean los propios gobiernos africanos quienes determinen los criterios de evaluación en el cumplimiento de esta iniciativa. Así, el Mecanismo de Revisión Paritaria, diseñado para asegurar el grado de avance en los criterios de “buen gobierno”, ejemplo evidente de este liderazgo, expresión de la necesidad de establecer normas claras de transparencia es condición para el incremento de los necesarios flujos de inversión privada en África. Este objetivo, paralelo al del incremento de la financiación pública que el Plan de Acción África del G-8 promueve también a través de la NEPAD, es una ventana de oportunidad para la integración de las economías africanas en un mundo crecientemente globalizado. Y si la erradicación de la pobreza en África es nuestro objetivo común, permítame insistir en el papel insustituible de la mujer. La mujer africana se ha erigido ya en auténtico puntal del desarrollo, pese a las múltiples dificultades que encuentra. Por ello es esencial insistir en la educación de las niñas, en la seguridad alimentaria y el acceso al agua potable, los servicios de salud y la toma en consideración de estas prioridades de acuerdo con los objetivos marcados por la propia NEPAD. Señor Presidente, La Unión Europea y España dentro de ella, seguimos con interés esta Asociación desde sus inicios; y desde la perspectiva comunitaria se incluyó en el Proceso de El Cairo y en el Diálogo Político Unión Europea-África. España ha apoyado esta iniciativa, participando en concreto en la reunión del Grupo de Donantes preparatoria de la Cumbre del G-8, celebrada en Maputo, así como en la propia Cumbre de Kananaskis, en la que el Presidente del Gobierno se pronunció desde la Presidencia semestral de la Unión Europea. Se ha dicho que las grandes transformaciones históricas no se inician cuando las cosas van peor, sino cuando existe la percepción de que pueden cambiar. La suma de todas las iniciativas que confluyen en el crisol de la NEPAD constituyen una auténtica revolución en el papel de África en el concierto internacional. Mi país, puente entre Europa y África por razones geográficas, culturales y vocacionales, está dispuesto a jugar el papel que le corresponde en este histórico proceso. Muchas gracias, Sr. Presidente |