David de Ferranti Vice Presidente The World Bank Group Miami, FL, 29 de abril, 2002A menos de un mes de ser asesinado, el Presidente John Kennedy pronunció un discurso en Amherst College, Massachussets, en honor del gran poeta norteamericano Robert Frost, quien había fallecido poco antes. En sus palabras, el Presidente se refirió a la indispensable contribución que hacen a la fuerza de las naciones aquellos que cuestionan al poder, en especial si este cuestionamiento es desinteresado. Porque – sostuvo - son esas personas las que determinan si el poder usa a los hombres, o los hombres usan el poder. La fuerza de los estados es importante, pero el espíritu que informa y controla esas fuerzas es mucho más importante. Continua Kennedy señalando que, dada su profunda fe en el espíritu del hombre, no es por pura casualidad que Robert Frost hace una analogía entre la poesía y el poder. Porque él vio la poesía como una forma de salvar al poder de sí mismo. Cito a Kennedy. "Cuando el poder conduce al hombre hacia la arrogancia, la poesía le recuerda sus limitaciones. Cuando el poder empequeñece los intereses del hombre, la poesía le recuerda la riqueza y la diversidad de su existencia. Cuando el poder corrompe, la poesía limpia. El artista que es fiel a su visión personal de la realidad se convierte en el campeón ultimo de lo individual y de la sensibilidad contra una sociedad opresiva y un estado interventor". Traigo a colación estas palabras hoy día, no porque crea que todos ustedes son poetas, aunque algunos puedan serlo, sino porque en su trabajo ustedes emplean las mismas armas que los poetas: el lenguaje, la palabra escrita. Ustedes son contadores de historias, las que buscan e investigan. Y al hacerlo, ustedes y sus medios eligen cuales historias contar, y como contarlas. Allí radica su tremenda relevancia: en que estas historias son las que el publico lee y asimila, y las que, al final, son las que sirven para salvar al poder de sí mismo, para ampliar los mundos de sus lectores, para recordarles la diversidad de su existencia, para denunciar la corrupción y limpiarla. Lo que cada uno de ustedes escribe sobre la realidad tiene una influencia decisiva en la denuncia de lo que el Presidente Kennedy llama una sociedad que oprime y un estado que actúa a las espaldas de sus ciudadanos. Es por eso que estamos aquí, en un esfuerzo conjunto para que los contadores de historias – los periodistas de América Latina – adquieran una mayor capacidad para ir mas allá de la noticia sobre un negocio o una compañía, hacia temas que integren lo económico con lo político y lo social. Y al hacerlo, muestren al publico como uno afecta a lo otro, y las consecuencias que ello significa para el futuro y para el desarrollo. En este contexto, la pobreza es una historia olvidada. Porque ella tiene que ver mas con lo que es posible que con lo que se ve. Esta tan relacionada con el espíritu y la fuerza de las personas y de los estados y su sensibilidad como lo esta con los niveles de ingresos y las condiciones de vida, ya que es el conjunto de estos factores lo que determina las políticas publicas para su erradicación. Por eso es que la historia se puede contar de muchas formas, si decidimos no olvidarla. Están las cifras de los productos geográficos brutos, los presupuestos, las balanzas de pago. Pero también tenemos que saber cuantos niños han aprendido a leer, cuantos viven al nacer, como se organizan las comunidades, como toman sus decisiones, cuales son las prioridades de los gobiernos y como las están cumpliendo, como funciona la policía, cuales son los obstáculos para que las pequeñas empresas funcionen, como crecen los niños cuyos padres están todo el día fuera del hogar. Y debemos enfrentar seriamente la desigualdad, la peor lacra de nuestro continente, convertirla en tema obligado de todas las crónicas. Lo mismo con la apertura de los mercados, la ayuda internacional, la transparencia. Tenemos que aprender a mirar el desarrollo como un proceso que va desde abajo hacia arriba, en el cual los pobres son los dueños de sus propias fortalezas, y los estados son sus facilitadores. La responsabilidad es enorme, sin duda. Porque significa democratizar nuestras sociedades y romper los estereotipos para buscar nuevas formas de lenguaje que den cuenta de nuevas realidades. Significa, finalmente, como dice Kennedy al referirse al poeta Frost, ser la fuerza que salva al poder de sí mismo, al exigirle cumplir su misión de servicio hacia sus ciudadanos, y entre ellos, en especial, a los que son pobres. Gracias. |