2 feb, 2005 - Una de las primeras prioridades en las tareas reconstrucción de los países devastados por el tsunami en diciembre pasado serán las soluciones “rápidas” que impliquen darle la oportunidad de ganar dinero a la gente que quedó sin fuente de ingresos. El coordinador del proceso de reconstrucción del Banco Mundial, Alistair McKechnie, declara que durante los próximos tres meses también se reinstaurarán parcialmente los servicios públicos de muchos de los países afectados. Si bien advirtió que el proceso no será idéntico en todos los países, adelantó que en los siguientes meses se rehabilitarían algunos servicios médicos y de salud, así como parte de los sistemas de telecomunicaciones y energía. McKechnie sostiene que el proceso ya comenzó: en Maldivas, por ejemplo, todas las escuelas están abiertas, si bien con un retraso de dos semanas respecto del inicio oficial del año lectivo. Además, afirma que “sólo será cuestión de semanas” para que las personas que perdieron sus formas de sustento como resultado del tsunami dispongan de algo de dinero en el bolsillo. “Tenemos buenos modelos que seguir, entre otros los programas de efectivo a cambio de trabajo”, sostiene McKechnie. “En esas zonas se necesitan realizar muchas obras de limpieza. Si le pagamos a la gente por ese trabajo, les damos dinero a las familias y hacemos posible que reconstruyan sus vidas”. “Uno de los primeros pasos es buscar ese tipo de tareas, en las cuales con poco dinero se puedan hacer reparaciones rápidas para que las cosas vuelvan a su estado anterior al desastre”, dice. Según McKechnie, el concepto de acción rápida se puede aplicar en algunos de los edificios dañados o en las escuelas que quedaron sin textos de estudio. “Creo que las casas dañadas se pueden reparar con cierta rapidez, me refiero a unos pocos meses, y la solución más simple puede ser la de entregar a la gente donaciones en efectivo y dejar que ellos mismos compren los materiales o contraten a un contratista local para arreglar su casa”, agrega. Sin embargo, McKechnie advierte que abordar el tema más general de la vivienda puede tomar más tiempo, en particular en el caso de aquellas aldeas que resultaron totalmente arrasadas por las enormes masas de agua. “Lo que no queremos es reconstruir la pobreza. El primer principio es asegurar no sólo que se consulte a las propias comunidades, sino que sean ellas mismas quienes realmente estén a cargo del proceso de reconstrucción”. “De manera que esto implica pensar bien cómo proceder con las tareas de construcción. En este sentido, tomará un poco más de tiempo construir viviendas nuevas de la nada en lugares que no sean vulnerables a los desastres”. “También está el caso de los puentes sobre ríos bastante anchos que fueron arrasados. La construcción de un puente definitivamente no tarda unos cuantos meses; puede tomar un año o incluso más”. Como parte de la primera fase del proceso de reconstrucción, el Banco, en conjunto con otras organizaciones internacionales, ha estado trabajando en la evaluación preliminar de los daños y necesidades en los países afectados. McKechnie afirma que ahora que el grueso de ese trabajo de evaluación ya está terminado, el próximo paso es conversar con la comunidad internacional para concretar el financiamiento de los programas de reconstrucción, después de lo cual el dinero podría comenzar a llegar. El coordinador sostiene que una de las prioridades fundamentales del Banco es la “autoría del país” en el proceso de reconstrucción. “Lo más importante en este viaje es que el respectivo país se apropie del asiento del conductor. Lo segundo en importancia es la coordinación entre todos los que vamos a ayudar a estos países”, agrega. “El volumen de la asistencia es simplemente espectacular. Se trata de un desastre que realmente golpeó el corazón del mundo entero. Desde el punto de vista de los países receptores, es un enorme desafío intentar coordinar y administrar el enorme torrente de ofertas de ayuda que han llegado”. “Por lo tanto, es sumamente importante que los donantes dispongan de mecanismos para agrupar los recursos y simplificar los costos de transacción, puesto que hay un riesgo inminente de que la carga administrativa que presenta esta ayuda pueda retrasar el avance de los resultados en terreno”. McKechnie también advirtió que si los fondos destinados a la reconstrucción no se distribuyen en forma equitativa, se pueden exacerbar las tensiones políticas en el interior de los países afectados por el desastre. Sin embargo, sostiene que la comunidad internacional también está muy consciente de los conflictos que han sufrido las zonas más afectadas, Aceh y el noreste de Sri Lanka. “El principio fundamental es garantizar el flujo equitativo de los recursos hacia todas las comunidades, lo cual se puede lograr de muchas maneras. La primera de ellas es contar con el acuerdo de todos los diferentes bandos involucrados en el conflicto y que éstos sean integrados a la estructura que decide la forma de utilizar los recursos”. “Otra alternativa que se está comenzando a aplicar en algunos países es crear un fondo fiduciario para recibir los recursos destinados a la reconstrucción y dejar la decisión sobre el uso de estos fondos en manos de un comité que reciba la instrucción de garantizar la participación de los distintos grupos”. Según McKechnie, de las conversaciones sostenidas hasta la fecha con los países afectados por el tsunami ha quedado en claro que quieren transparencia y rendición de cuentas en el manejo de los fondos. Entre las ideas que se analizan para este fin está la formación de un fondo fiduciario de donantes y la creación de una estructura de gestión de tales fondos con la participación de representantes gubernamentales y no gubernamentales. Otra idea es la contratación de empresas contables de gestión financiera externas para que lleven a cabo auditorías independientes de los fondos destinados al proceso de reconstrucción. “Lo que estamos analizando es cómo asegurar que el proceso sea y parezca absolutamente transparente”, dice McKechnie. |