23 de marzo, 2005 - La comunidad internacional ha proclamado este año como el año de África, en función de lo cual se han programado una serie de reuniones de alto nivel para centrarse tanto en los obstáculos como en las oportunidades que enfrenta el continente. Los desafíos son complejos: desde frenar el VIH/SIDA y el paludismo hasta resolver los conflictos y reducir la corrupción, pasando por estimular el crecimiento, construir infraestructura y elevar los niveles de salud y educación. ¡África necesita todo eso y más! “Algunos sostienen que es el año decisivo para África”, dice Gobind Nankani, vicepresidente del Banco Mundial para la región de África al sur del Sahara. La creación de oportunidades exige que tanto los líderes africanos como sus asociados internacionales tomen las medidas pertinentes. Sin embargo, en lo esencial la ayuda externa destinada a África se ha mantenido casi sin alteraciones durante los últimos dos años y las barreras comerciales que perjudican el flujo de las exportaciones africanas hacia los países ricos han resultado difíciles de desmantelar. Tal como lo recomienda en forma insistente el Banco Mundial, África al sur del Sahara necesita más ayuda y mejor acceso a los mercados mundiales, particularmente a los mercados agrícolas donde los productos alimentarios africanos podrían ser competitivos si los países ricos terminaran con los subsidios. Pese a estos importantes desafíos, se vislumbran algunas tendencias positivas y los africanos se están haciendo cargo de sus propias necesidades de desarrollo. Logros destacados en la región Con un total de 47 países, África al sur del Sahara es una región de gran diversidad donde los reveses no deberían ensombrecer las victorias, como suele suceder. “Los recientes acontecimientos en Togo no deberían opacar la paz alcanzada en Sierra Leona o en Angola, el crecimiento de Tanzania o el auge en el sector vivienda de Ghana”, dice Nankani, con lo cual apunta a algunos de los logros del último tiempo. La estabilidad macroeconómica se está convirtiendo en la norma en una región que estuvo dominada por la alta inflación. Los países africanos han demostrado ser capaces de producir a un nivel mundial y competir en los mercados globales. En este sentido, Mauricio exporta langostinos con éxito; las flores de Kenya se venden en los mercados de Londres, mientras que los vegetales senegaleses se ofrecen en las tiendas parisinas de alimentación. Desde mediados de los años noventa, quince países, entre ellos Uganda, Etiopía y Burkina Faso, crecen en promedio a más de 5% al año. La inversión extranjera directa va en aumento, con cifras que subieron de US$7.800 millones el año antepasado a unos US$8.500 millones el año recién pasado. Sudáfrica se está convirtiendo en un importante inversionista en toda África al sur del Sahara, mientras que China lidera una oleada de interés proveniente de Asia. El desafío es asegurar que el crecimiento se acelere, se mantenga y beneficie a todos, entre otros a los pobres, las mujeres, los jóvenes y aquellos que viven en zonas rurales remotas. “Los anteriores episodios de crecimiento eran esporádicos y no llegaban a todos los segmentos de la sociedad”, advierte Nankani. Aunque la tercera parte de África crece al 5%, tal crecimiento sólo alcanza para mantener a los países a flote e impedir que la cantidad de pobres siga aumentando. La tasa de crecimiento debería incrementarse a alrededor del 7% para que la región pudiera salir de la pobreza. Los africanos asumen el liderazgo La nueva generación de líderes africanos, entre ellos los de la Nueva Alianza para el Desarrollo de África (NEPAD) y la Unión Africana y los líderes de organizaciones subregionales como la Comunidad del África Oriental, está asumiendo responsabilidades en materia de desarrollo. “Hemos sido testigos de avances considerables. Los africanos están trabajando colectivamente a fin de reducir los conflictos, integrarse en términos económicos y acelerar el progreso”, señala Nankani. Los gobiernos de África también están trabajando en estrategias de lucha contra la pobreza que se ajusten a sus circunstancias particulares. “El futuro de la región depende de una asociación mundial en la cual los asociados internacionales de África sustenten estrategias de desarrollo generadas en los propios países”, dice Nankani. Y es necesario cumplir las promesas. “En lo esencial, el flujo de ayuda hacia los países africanos se ha mantenido sin variaciones, pese a los objetivos de desarrollo del milenio cuyas metas deben cumplirse de aquí al año 2015, las reformas a las políticas nacionales y la atención mundial”, agrega Nankani. El mundo tiene los ojos puestos en África La ayuda externa constituye una parte fundamental del pasado de África y es también un componente esencial de su futuro, según sostiene Phyllis R. Pomerantz, primera funcionaria en jefe de aprendizaje del Banco Mundial, en su libro más reciente Aid Effectiveness in Africa - (La eficacia de la ayuda en África). Teniendo esto en cuenta, en febrero los donantes acordaron la entrega de US$34.000 millones para reponer los fondos de la Asociación Internacional de Fomento (AIF), la filial del Banco Mundial que entrega donaciones y préstamos en condiciones concesionarias a los 81 países más pobres del mundo, de los cuales casi la mitad se encuentra en África. Los compromisos adicionales asumidos incluyen la publicación, en el mes de marzo, de la evaluación de las necesidades de África que llevó a cabo la Comisión sobre África liderada por el Reino Unido y un amplio conjunto de análisis que se sostendrán en julio en el marco de la reunión del G-8. Por último, la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas, que se realizará en septiembre, revisará los avances logrados en la lucha contra la pobreza en el mundo —ahora que se ha recorrido la mitad del camino para llegar al año 2015— en consonancia con lo propuesto en el octavo objetivo de desarrollo del milenio. Muchas de estas discusiones se centrarán en cómo ayudar a que los países de África al sur del Sahara que probablemente no llegarán a cumplir los objetivos para que no se rezaguen aún más. Los artistas mundiales de rock también se están incorporando a estas iniciativas y Bono, por ejemplo, se ha convertido en un entusiasta defensor de África. Ha instado a los líderes mundiales a que disminuyan los niveles de endeudamiento de la región y aumenten los esfuerzos en pos de frenar la propagación del VIH/SIDA. Sin embargo, para que en última instancia la ayuda sirva de algo, tanto África como sus asociados internacionales deben generar relaciones de confianza, sostiene Pomerantz. La confianza depende del compromiso, la fiabilidad, la familiaridad, la transparencia y la comunicación abierta y honesta. “La calidad de la relación puede ser más importante que influir en la orientación de las políticas y asegurar resultados satisfactorios puede ser más importante que el dinero en sí”, escribe, y agrega que los asociados internacionales no comprenden a África tan bien como deberían. El Banco Mundial y África
El Banco trabaja para ayudar a los africanos a ayudarse a sí mismos a través de préstamos financieros, intercambio de conocimientos, formación de capacidad y creación de asociaciones. Además, la institución lidera la propuesta de alivio de la carga de la deuda para los países más pobres de la región, apoya a las naciones que emergen de un conflicto, asiste a los países en la erradicación de enfermedades contagiosas como el VIH/SIDA y el paludismo y estimula el crecimiento. A fin de garantizar que el crecimiento beneficie al grueso de la sociedad, el Banco pone el acento en: - Estimular/mejorar la integración regional, a fin de ampliar el comercio intraregional y disminuir los costos de transporte para los países sin litoral.
- Fortalecer las empresas africanas
- Mejorar el comercio, en particular el acceso de los productos africanos a los mercados mundiales
- Fortalecer la capacidad gubernamental y mejorar la gobernabilidad
- Mejorar la cantidad y la eficacia (armonización) de la ayuda internacional
África está abierta a los negocios Sin embargo, para que los países africanos puedan cumplir el objetivo de sustentarse a sí mismos, es necesario generar un sector privado robusto. “Históricamente, las empresas privadas de África han sido marginadas”, dice Nankani. La región necesita crear sectores exportadores fundados en la agricultura y los recursos naturales. En este sentido, los exportadores de flores de Kenya son un buen ejemplo a seguir. Además, los gobiernos de las naciones al sur del Sahara recaudarán más de US$200.000 millones en concepto de ingresos petroleros durante el próximo decenio, recursos que pueden reducir considerablemente la pobreza si son bien administrados. Sin embargo, para prosperar, las empresas necesitan un entorno más propicio. En la actualidad, los obstáculos legales y normativos, la falta de fuentes de energía confiables y la mala condición de los caminos estancan la producción, retrasan la distribución y restringen las oportunidades comerciales. En este sentido, siete países africanos se encuentran en la lista de las diez naciones que tienen las peores condiciones para emprender un negocio, según el estudio realizado por el Banco Haciendo Negocios 2005. Según Nankani, “los líderes africanos están trabajando para quitarse la fama de ser un entorno caro y de alto riesgo para emprender un negocio”. Malí, Senegal y Tanzania se cuentan entre los países que fortalecen en forma decidida el entorno empresarial y realizan mesas redondas destinadas a los inversionistas. Avances Hoy, una generación después del concierto Live Aid que uniera al mundo con el objetivo de aliviar el hambre en Etiopía, el planeta ha cambiado enormemente. También han cambiado las necesidades de África. El VIH/SIDA y los conflictos han superado a la escasez de alimentos como los desafíos más urgentes de la región, ya que hoy afectan a uno de cada cinco africanos. Sin embargo, tanto la globalización como los avances en las comunicaciones y la tecnología están generando nuevas oportunidades para que África pueda salir por su propios medios de la pobreza. Los desafíos del continente son enormes y los objetivos ambiciosos. “Pero pueden lograrse si los líderes y las sociedades africanas trabajan juntos en una auténtica alianza con la comunidad internacional”, concluye Nankani. Este artículo se publicó originalmente en inglés el 7 de marzo de 2005 |