5 de mayo, 2005 - Durante el invierno, Valeriu Matran de Moldova no quiere asistir a la escuela. No es debido a las clases, sino al frío. Aun con la calefacción prendida al máximo, la niña de 10 años pasa todo el día envuelta en gruesas ropas invernales para mantener el calor en la gélida sala. La electricidad, que es una forma de calefacción más bien costosa e ineficiente, ha sido la principal fuente de calor en la región, seguida por el gas. Durante la última década, escuelas, hospitales y otros edificios públicos en gran parte de Europa oriental y Asia central han enfrentado dificultades para mantener sus espacios suficientemente calientes durante los largos meses de invierno. Los hogares tampoco son los más cálidos. La temperatura en el interior de muchos de ellos varía entre 5° C y 10° C durante el invierno. En Ucrania, más de la mitad de las familias de Sebastopol ha sufrido la enfermedad de uno de sus miembros debido a la baja temperatura interior en un invierno reciente, según estudios citados en la publicación del Banco Mundial Meeting the Environment Millennium Development Goal in Europe and Central Asia. Debido a los largos y gélidos inviernos, el suministro adecuado de calefacción es esencial para los habitantes de esta región. Servicios en mal estado
Mientras el desafío en gran parte del mundo en desarrollo es extender la infraestructura y la prestación de servicios, los países de Europa oriental y Asia central luchan por evitar las fallas de sus sistemas energéticos actuales. El legado socialista dejó una infraestructura energética equitativa pero extremadamente ineficiente, puesto que en el sistema comunista de planificación centralizada la energía se comercializaba a costo muy bajo o sin costo alguno. Los edificios públicos de la región consumen mucho más calor en comparación con edificios similares en países de Europa occidental, pero los gobiernos actuales no pueden continuar subsidiando a las empresas de servicio público. De modo que en el último decenio, la región comenzó a experimentar problemas con el suministro de calefacción debido al aumento del precio de la electricidad y el deterioro de la infraestructura. La región es la menos eficaz en el uso de energía del mundo en términos del PIB por unidad de energía utilizada. Sin embargo, según el estudio Meeting the Environment Millenium Development Goal, la eficiencia ha mejorado en 35% desde 1992. No obstante, se necesita un aumento de 74% para que la región alcance la misma eficiencia de los países con similar nivel de desarrollo. El desafío hoy es doble: modernizar los sistemas de servicio público y descentralizarlos para hacerlos económicamente sostenibles. “Es necesario buscar un modelo diferente, a saber, comercializar las industrias”, explica David Kennedy, economista principal en energía para la región de Europa y Asia central. Reformar los sistemas… y las actitudes
Las empresas de servicio público solían formar parte de los ministerios estatales (excepto en los países de la antigua Yugoslavia) y eran operadas como empresas monolíticas según principios de ingeniería, no comerciales. “Los sistemas de calefacción estaban diseñados para ser muy confiables y tenían muy pocas válvulas o perillas que accionar, a fin de evitar que se averiaran”, señala Julian Lampietti, economista principal del Banco Mundial para la región de Europa y Asia central. “Lo que se pretendía era que todos recibieran 18° C durante 90 días al año”. Pero muy pronto se hizo evidente que las personas no querían tanto calor si tenían que pagar el costo total. La descentralización y la comercialización de los sistemas energéticos permitirá a la gente controlar y consumir sólo el calor que deseen.
Por lo tanto, es necesario rediseñar el sistema para que opere a menor capacidad, con mayor flexibilidad y más en función de la demanda, en vez de funcionar sobre la base de un objetivo de ingeniería de 18° C, explica Lampietti. Sin embargo, la reestructuración de las empresas de servicio público implica subir el precio a los consumidores, quienes pueden ser reacios a comenzar a pagar servicios que antes obtenían de forma gratuita. Debido a las dificultades experimentadas durante estos años de transición, “en muchos de estos países existe una sensación muy arraigada de que el Estado les debe algo”, señala Lampietti. “La población está muy reticente a tener que comenzar a pagar abruptamente por algo que antes habían obtenido por muy poco dinero o totalmente gratis. De repente alguien viene y dice ‘ahora se debe pagar por el servicio’, pero no te han pagado tu sueldo y los ahorros que tenías en el banco desaparecieron. Así, no vas a querer pagar nada”. Alternativas poco saludables
Posiblemente, los factores que más influyen en el comportamiento de la población son el alza del costo de la energía y la interrupción del servicio. En algunos casos, la gente empieza a usar combustibles menos costosos como carbón o leña para calentarse. Pero estos combustibles sucios no son recomendables para los habitantes de zonas urbanas densamente pobladas. “Si se empieza a consumir leña o carbón en un edificio de varios pisos no diseñado para utilizar ese tipo de combustible se pueden generar todo tipo de problemas, desde la deforestación de zonas rurales hasta la contaminación en el interior del departamento debido a la falta de sistemas de ventilación”, agrega Lampietti. Objetivo a largo plazo: reestructurar el sector energético
La división del sector energético en empresas descentralizadas más pequeñas tomará varios años y requiere inversión. Pero el sector privado no está lo suficientemente desarrollado y podrían pasar años antes de que lleguen inversionistas extranjeros debido a la falta de marcos normativos adecuados en muchos países. Algunos países de Europa central como Hungría, la Republica Checa o Polonia han sido testigos del progreso en la comercialización y la reglamentación, aunque aún es demasiado pronto para saber si la privatización dará los resultados esperados. “No se puede privatizar de un día para otro y esperar que funcione. Se necesita seguir una serie de pasos”, explica Kennedy. “Fuera de los países adheridos [a la Comunidad Europea] y unos cuantos países en fase previa a dicha adhesión, es poco probable que emprendan iniciativas de privatización durante los próximos cinco años”, agrega. Esto significa que las instituciones financieras internacionales, tales como el Banco Mundial o el Banco Europeo de Reconstrucción y Fomento, deberán intervenir durante un período de cinco años o más. El Banco, en conjunto con otras organizaciones internacionales, ha creado una serie de políticas orientadas a dirigir el trabajo en el sector energético. Estas políticas se centran en la desmonopolización y la reglamentación, los precios y las políticas fiscales, el comercio internacional, las políticas de inversión y la protección social y ambiental. “El Banco quiere mejorar la prestación de servicios en estos países”, explica Anil Markandya, especialista principal de la Unidad de Desarrollo Ambiental y Socialmente Sostenible del Banco Mundial y que trabajó en el informe Meeting the Environment Millennium Development Goal. Pero a medida que los países avanzan hacia la creación de sistemas de prestación de energía autofinanciables, “debemos reconocer que muchos hogares tendrán un grave problema para costear el servicio”, añade. Para ayudar a la población a adaptarse a estos cambios, el Banco está diseñando soluciones que proporcionen redes de seguridad social para los más pobres.
Un proyecto en Pamir, Tayikistán, una región empobrecida que quedó sin electricidad tras el desmembramiento de la Unión Soviética, es un ejemplo de este enfoque. Una empresa privada restauró una planta hidroeléctrica averiada gracias a la ayuda de un fondo especial creado por el Banco y el Gobierno de Suiza. El fondo, además de asegurar al proveedor la recuperación de los costos, permitía escalonar los precios para que los hogares de menos ingresos no tuvieran que pagar el costo total de la energía. “Es un subsidio diseñado para permitir el retiro progresivo en un período de diez años”, explica Markandya. Otros países están considerando esquemas similares con un nivel de protección social para hogares más pobres. Actualmente, el Banco trabaja en más de 30 proyectos en los sectores de infraestructura y energía en toda la región. Incluso ha ayudado a mejorar el sistema de calefacción en la escuela de Valeriu, gracias al Fondo de Inversión Social de Moldova. En Kiev, Ucrania, el Banco facilitó la modernización de los sistemas de facturación y la instalación de aislamiento térmico en más de mil edificios, como escuelas y hospitales, entre otros. Diversificar las alternativas energéticas
El Banco piensa lanzar en junio un estudio sobre la infraestructura de la región durante los últimos 10 a 15 años y está trabajando en la creación de un mercado energético para Europa sudoriental, cuya apertura está fijada en 2006. Debido a la evidente necesidad de contar con mercados energéticos regionales, el trabajo del Banco también respalda los esfuerzos conjuntos de los países vecinos en términos de diversificar las alternativas de energía. “Algunos países cuentan con muy pocas alternativas de energía para calefacción. Por ejemplo, la electricidad es la principal forma de calefacción en las zonas urbanas de los Balcanes. La población tiene que tener la oportunidad de diversificar el suministro de calor a través de la construcción de instalaciones para gas”, dice Kennedy. Si bien el mercado energético de la Unión Europea es útil para los países de la sucesión, aún hay posibilidades de mejorar la cooperación regional tanto en Asia central como en el Cáucaso. A pesar de que fueron diseñados como sistemas energéticos integrados, los dos no han operado como tales en el área postcomunista, lo que ha dejado a muchas personas a merced del frío. Otros servicios
Otros servicios públicos, tales como agua, tratamiento de aguas residuales y saneamiento, experimentan las mismas dificultades. Estos servicios solían recibir subsidios estatales y proporcionaban servicios básicos administrados de forma centralizada. Pero después de 1991, muchos países redujeron abruptamente las subvenciones estatales y, a falta de recursos para mantenimiento, la infraestructura existente se deterioró. La protección de las fuentes de agua también se ha debilitado, dice Markandya, y explica que las áreas de captación de aguas contaban con mejor protección en el pasado. No será fácil restaurar los sistemas. Se debe evaluar el costo del agua y reformar la gestión del agua y de las instalaciones de alcantarillado. Pero “pocas personas podrán costearlo [el alza en el precio del agua]”, añade. Si bien algunas zonas rurales aún carecen de acceso adecuado a saneamiento, el problema principal es el deterioro de las tuberías. Es necesario hacer reparaciones, especialmente en algunos países de Asia central, donde la contaminación del agua ha causado brotes de tifus y otras enfermedades transmitidas por el agua. Si bien la situación no constituye una epidemia, la frecuencia de estos brotes va en aumento. “Hay un problema de salud relacionado con ello”, dice Markandya. Los países con mayores problemas en cuanto a acceso a saneamiento son Albania, Rumania y los países de la CEI. En Kazajstán, cerca del 33% de los sistemas de alcantarillado de tamaño mediano y grande y 26% de los sistemas de ciudades más pequeñas no cumplen las normas básicas de mantenimiento. En Ucrania, se debe reparar el 23% de las tuberías y rehabilitar el 25% de los sistemas de alcantarillado. En Moldova, el diseño de gran parte del sistema de alcantarillado contempla una vida útil de 20 años, plazo que fue ampliamente excedido. Es necesario reemplazar unos 100 kilómetros de la red y la mayoría de los equipos necesita reparación.
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