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Imágenes del camino hacia la reconstrucción en Sri Lanka

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La evaluación de daños que llevó a cabo el Banco Mundial en Sri Lanka determinó que el tsunami de diciembre pasado destruyó por completo o en forma parcial unos 90.000 hogares. Con la intención de ayudar en el inicio del proceso de reconstrucción, el Banco asignó un primer monto de US$40 millones destinados a donaciones en efectivo para apoyo permanente a la vivienda. Hasta el momento, son más de 11.500 los hogares que han recibido el primer pago de Rs50.000 (cerca de US$500) para comenzar las tareas de reconstrucción. Se espera que el dinero, ya sea que provenga del Banco u otros donantes, fluya en forma constante y llegue a los cerca de 34.000 hogares fuera de la zona de amortiguamiento alejada del mar. No obstante, la situación es mucho más compleja para los restantes 56.000 hogares que se encuentran al interior de la zona de amortiguamiento.

 

Estas imágenes de la vida a lo largo de la costa de Sri Lanka azotada por el tsunami son una muestra de la complejidad del proceso de reconstrucción en la isla.

 

Snapshots on Road to Reconstruction - Sri Lanka

Norman Mahamarakkalage Patabendi y su esposa, Malini Sovis, de pie frente a su alojamiento provisorio.

2 de junio de 2005 — Norman y Malini Mahamarakkalage Patabendi posan para las fotos. Primero fuera de su refugio provisorio hecho de madera que tiene un letrero en la puerta que dice "Salven a los pescadores". Luego se paran en la entrada sin terminar de su nueva casa esbozando una gran sonrisa. El techo ya está puesto y pronto estará enlucido, pintado y listo. No es demasiado pronto ya que las primeras lluvias del monzón sudoccidental ya oscurezcan el cielo.

 

La pareja perdió su hogar, que fue aplastado por los enormes muros de agua que produjo el tsunami de diciembre pasado. Fueron afortunados de sobrevivir ya que en ese momento visitaban a la madre de Norman.

 

Desde diciembre pasado, la familia ha recibido ayuda a través de dos donaciones del Banco Mundial equivalentes a Rs5.000 (cerca de US$50) para gastos de mantenimiento. Por otra parte; gracias a una donación para vivienda, por un valor superior a Rs50.000 (cerca de US$500), pudieron construir su nuevo hogar.

 

Sólo unos cuantos pasos camino abajo en dirección al mar, en la pequeña comunidad de Kalutara frente a la playa, unos 40 kilómetros al sur de Colombo, Don Noel Palliyaguruge y su esposa Mercy sonríen también a la cámara.

 

Pero la escena es muy distinta. Detrás de ellos podemos ver el horno ennegrecido de la panadería de la familia, que fue lo único que resistió la fuerza del tsunami. Noel y Mercy han recibido dos donaciones del Banco Mundial por Rs5.000 (cerca de US$50) para seguir viviendo, pero ningún apoyo para la vivienda.

 

Desafortunadamente, su pequeña casa y negocio se encuentran al interior de la zona de amortiguamiento, zona no considerada para la reconstrucción. El Gobierno de Sri Lanka declaró la zona prohibida para cualquier nueva estructura con el fin de proteger a los ciudadanos de futuros desastres y proteger además la zona costera.

 

Tsunami Baker

Todo lo que quedó en pie de la panadería de Don Noel Palliyaguruge fue su horno.

Noel desea permanecer en esta comunidad de pescadores, ya que esta actividad mantenía su panadería. Se queja de que quienes viven al interior de la zona no están siendo considerados y su deseo es reconstruir su negocio en el lugar que ya conoce: su comunidad, su mercado.

 

Más abajo del camino aún y sobre una línea férrea mucho más cercana al mar, el pescador Mervyn Jayasuriya permanece de pie junto a los escombros de su casa. Una ducha provisoria fue conectada a una cañería de agua que aún funciona y su cepillo de dientes está atado a la tubería vertical, símbolo desgarrador de una vida ahora al aire libre.

 

Mervyn también se encuentra al interior de la zona de amortiguamiento prohibida y su deseo es alejarse del mar, pero no sabe cuándo ni dónde será trasladado; además, espera que el traslado no sea a un sector demasiado alejado del océano, ya que no existe un puerto de protección y los pescadores deben arrastrar sus botes a la playa y llevarse los motores a casa durante lo noche por seguridad.

 

Es esta decisión bien intencionada y posiblemente correcta respecto de la zona de amortiguamiento la que genera gran parte de la ansiedad e incertidumbre entre los muchos habitantes de Sri Lanka que perdieron tanto, sino todo, en diciembre pasado.

 

Las personas están ansiosas por reconstruir su vida y parece no faltar el financiamiento mundial. Por otra parte, se sienten cada vez más desdichados a medida que las lluvias del monzón convierten los campamentos en charcos de barro y expresan su frustración. Las organizaciones no gubernamentales (ONG) que trabajan en las comunidades afirman que existe gran desconfianza respecto de que la zona de amortiguamiento desocupada se transforme en fuente de lucro para otros debido a que se trata de propiedades preferenciales frente a la playa que podrían usarse para construir hoteles. Otras ONG experimentadas temen la posibilidad de que aparezcan tugurios a lo largo de las playas a medida que los más marginados, es decir, quienes arrendaban o no tenían títulos de propiedad, se infiltren y construyan chozas provisionales mientras a los propietarios originales se los traslada al interior. Otros se imaginan el futuro y ven una bonita franja de casas reconstruidas ubicadas 100 a 200 metros de las olas y una atestada barriada en la playa y el interior, particularmente en las zonas nororientales del país afectadas por dos decenios de conflicto.

 

Tsunami-Meeting

Praful Patel, vicepresidente del Banco Mundial para Asia meridional, y Peter Harrold, director del Banco en Sri Lanka, se reunieron con funcionarios locales en el distrito de Kalutara.

Según afirma Peter Harrold, director del Banco Mundial en Sri Lanka, "la mayor parte de las muertes ocurrió justo en la zona costera, por lo que es correcto pensar en una zona de amortiguamiento. No obstante, existen zonas, tales como el extremo norte y partes de la costa oriental, donde la tierra es de hecho muy escasa y nos han sugerido flexibilizar la aplicación de la zona de amortiguamiento en estos sectores".

 

Praful Patel, vicepresidente del Banco Mundial para Asia meridional, acaba de visitar algunas de las comunidades en Kalutara y afirma que "La situación es tremendamente compleja, pero me parece que todos debemos reconocer la extraordinaria respuesta inicial tanto del gobierno como de la comunidad humanitaria y las ONG: nadie murió de hambre, no hubo brotes masivos de enfermedades y la gente recibió atención médica correspondiente. Hoy estamos avanzando del período de ayuda en caso de emergencia a la recuperación total y en realidad resulta ser tan complejo y arduo como cualquier intervención en términos de desarrollo".

 

Según afirma, las expectativas son por supuesto enormes, en especial debido a que la generosidad del planeta depositó cantidades de dinero sin precedentes en el sistema.

 

"En la actualidad, es un hecho consumado que las expectativas superan la capacidad de entrega. Sumemos a esto las complicaciones de trabajar en zonas sobrecargadas de conflictos, como es el caso de Sri Lanka, donde es necesario asegurar la equidad no sólo entre las personas afectadas por el tsunami, sino también entre comunidades y grupos étnicos completos".

 

Patel describe además las nuevas presiones que afectan a las comunidades, las que de pronto se convirtieron en verdaderos focos de atracción para los cientos de organismos que desean prestar su ayuda. "Las principales ONG que trabajan hace varios decenios en Sri Lanka nos hicieron saber que más de cien ONG, de las cuales nunca habían escuchado, inundaron las comunidades compitiendo por el personal y el espacio".

 

Según manifiesta, la tarea se torna aún más compleja pues es necesario asegurar responsabilidad y transparencia en el uso de los recursos.

 

En palabras de Patel: "A fin de cuentas todas nuestras iniciativas tienen que ver con ayudar a alguien como Noel el panadero, el pan de su comunidad literalmente, en su esfuerzo por volver a hacer pan, y para que esto pueda suceder, los pescadores deben volver a pescar. En todo este proceso también habrá personas pobres que vivían en la playa sin título de propiedad y que tripulaban los botes. Como parte de esta iniciativa mundial de reconstrucción, tenemos la oportunidad de ayudar a reconstruir las comunidades sin dejar de lado a los marginados, fenómeno que intensifica aún más el desafío".

 

El Banco Mundial ha puesto a disposición de Sri Lanka cerca de US$150 millones para fines de reconstrucción, de los cuales ya se utilizaron alrededor US$35 millones. La mayor parte del dinero se ha destinado al primer pago de donaciones para vivienda de Rs50.000 y a donaciones en efectivo como forma de sustento. Unas 140.000 familias están recibiendo los beneficios del plan de donaciones como forma de sustento que proporciona Rs5.000 al mes durante cuatro meses; hasta el momento el gobierno ha distribuido lo que corresponde a dos meses. La distribución está siendo sometida a auditorías en términos de la gestión financiera y también para asegurar que el dinero llegue a las verdaderas víctimas del tsunami. El Banco espera poder ampliar este programa por dos meses más antes de suspenderlo.

 

El dinero en donaciones en efectivo, tanto para vivienda como para formas de sustento, debiera servir de ayuda a las pequeñas comunidades para ponerse de pie, reconstruir, volver a hacer pan y pescar.

 

Patel advierte que "el proceso completo de reconstrucción tomará un tiempo considerable, pero hemos decidido ser parte de él durante todo este trayecto".

Para obtener mayor información sobre el Banco Mundial y la recuperación tras el tsunami, visite el sitio
http://www.bancomundial.org/tsunami




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