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Medio ambiente y desarrollo: en pos de un doble dividendo

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por
Paul Wolfowitz
Presidente, Grupo del Banco Mundial
en la sesión especial del Foro de Sao Paulo sobre Cambio Climático
Sao Paulo, Brasil
20 de diciembre, 2005

Senhor Governador, Senhoras e Senhores.  Muito obrigado.

Es un honor estar hoy aquí con ustedes en este Foro y compartir algunas ideas sobre la forma en que la comunidad mundial puede afrontar el doble desafío que implica proteger nuestro medio ambiente y, al mismo tiempo, fortalecer nuestras economías.  No hace mucho tiempo, varios grupos empresariales creyeron que estos objetivos eran contradictorios, pero hoy sabemos con certeza que hay formas innovadoras de conservar los preciosos recursos naturales de este planeta de manera tal que se protegen los medios de vida, en lugar de destruirlos.

Brasil está trabajando en pos de un doble dividendo potencial para satisfacer las necesidades energéticas que son esenciales para el crecimiento económico y la lucha contra la pobreza, al tiempo que deja una huella ambiental más pequeña.

Esta última semana, viajé extensamente por su fascinante país y, con toda franqueza, quisiera quedarme, no sólo porque hace mucho frío allí en el norte, sino porque todo es tan atractivo aquí en el Brasil. He visto ejemplos inspiradores de cómo las comunidades pobres de las regiones semiáridas del noreste están tratando de hacer frente a los efectos devastadores de las sequías, que también afectaron severamente a la selva tropical amazónica este año, dejando a las comunidades desamparadas, sin alimentos ni transporte.

Fui testigo de los efectos de la deforestación y me enteré sobre los desafíos de reconciliar el desarrollo con la conservación de la rica biodiversidad de esta extensa región.

La respuesta del Brasil a estos enormes desafíos es admirable. Me enteré cómo el activo mercado de comercio del carbono está generando metano de los vertederos y sobre el complejo de investigación agropecuaria de primera clase, EMBRAPA. Escuché sobre el entusiasmo del Presidente Lula con los biocombustibles como fuente para la creación de empleos y de energía verde. Y esta mañana, visité la planta del etanol más grande del mundo en Ribeirao Preto.

Invertir en el medio ambiente es invertir en el futuro de los pobres. Quizás, más que ningún otro país, el Brasil se da cuenta de los altos costos que implica descuidar el medio ambiente, tanto en términos económicos como sociales. 

Pero es necesario hacer más con urgencia, no sólo a nivel mundial, sino local, a fin de preservar un Brasil sano para las futuras generaciones de brasileños. Por muchas razones, esto no es importante sólo para los brasileños, sino para todos nosotros.
1. La mala gestión del medio ambiente perjudica desproporcionadamente a los pobres

Cuando la gestión del desarrollo es deficiente y perjudica al medio ambiente, es frecuente que los pobres resulten los más afectados. A menudo, son pobres porque ya viven en entornos frágiles, que los hacen particularmente vulnerables.

Desde África meridional hasta América Latina, y desde Bangladesh hasta Afganistán, son precisamente los pobres los que más sufren las consecuencias de la variabilidad climática y de la degradación ambiental. El setenta por ciento de los pobres del mundo viven en zonas rurales. Cuando se producen fenómenos climáticos extremos, los pequeños agricultores sufren las consecuencias con la pérdida de cosechas y la falta de abastecimiento de agua - adversidades de las cuales no resulta fácil recuperarse. Estos agricultores necesitan un clima previsible para ganarse su sustento y alimentar a sus familias.

Tan sólo en este último año, hemos visto cómo una gran sequía en la Amazonia mató a los peces y destruyó los cultivos – el sustento de las comunidades indígenas. Hay zonas aquí en el Brasil donde los fenómenos climáticos extremos representan una grave amenaza para los agricultores locales. La semana pasada, visité Ceará al noreste, donde toda una cultura ha sido trastocada por tener que hacer frente a los caprichos de un clima errático. No es de extrañarse que en este lugar se encuentre la concentración más grande de pobres en el Brasil.
 
Estas vulnerabilidades se agravan a causa del recalentamiento atmosférico. Se ha discutido mucho a nivel mundial sobre las principales causas del cambio climático y cuál sería la mejor forma de reducir las emisiones de carbono. Pero mientras el mundo continúa discutiendo acerca de las metas a largo plazo para proteger el medio ambiente, son los pobres los que sufren las consecuencias inmediatas, como sucede con mucha frecuencia.
 
Aquí en América Latina, desaparecieron alrededor de 7 millones de metros cúbicos de la capa de hielo de los glaciares tropicales de los Andes durante las últimas tres décadas, poniendo en peligro los abastecimientos de agua de la zona. El nivel del mar en la cuenca del Caribe está aumentando a un promedio de 3 milímetros por año, y amenaza con desplazar a la gente, dañar la infraestructura y afectan las fuentes de agua dulce en las islas y en las zonas costeras. Las enfermedades tropicales, como el paludismo y la fiebre del dengue, son más comunes hoy día y han comenzado a aparecer incluso con temperaturas templadas.

Es posible que todos estos cambios no estén directamente ligados con el cambio climático mundial, pero sabemos que la presión sobre el medio ambiente es seria y corre riesgo el sustento de los pobres. Tenemos que trabajar mancomunadamente para mitigar las consecuencias sobre los más vulnerables. Pero eso es tratar los síntomas, y lo que debemos hacer es abordar las causas fundamentales.
2. Los países en desarrollo deben utilizar la energía en forma eficiente para estimular el crecimiento y reducir la pobreza

No cabe duda que el uso de mayores cantidades de energía de más alta calidad es absolutamente esencial para que los países en desarrollo puedan crecer y combatir la pobreza en el mundo en desarrollo. Y en un país como el Brasil, donde decenas de millones de personas viven todavía en la pobreza extrema, hay mucho trabajo por delante.

Entonces, ¿cómo podemos abordar la presión cada vez mayor sobre nuestro medio ambiente y la creciente demanda de energía? ¿Cómo protegemos el elemento natural más valioso para los pobres de las zonas rurales – sus tierras – de las devastadoras sequías e inundaciones? La respuesta no radica en el vano esfuerzo de detener el consumo de energía, sino en generar energía con una huella ambiental más pequeña, y usarla en forma más eficiente. Y el Brasil ha logrado un gran progreso en este sentido.

El desarrollo energético es esencial para el bienestar del ser humano. Los pobres no pueden mejorar sus condiciones de vida sin cambiar de fuentes de energía ineficientes, como la madera para combustible o el carbón no lavado, a formas modernas, como la electricidad y el gas.

Sin servicios de energía adecuados, los pobres tiene que caminar o depender de animales en lugar de desplazarse en transporte motorizado. Tienen que vivir en casas con mala iluminación y calefacción insuficiente, y trabajar sin la ventaja de una máquina eléctrica. Se ven obligados a cocinar con combustibles contaminantes, como maderas y restos de las cosechas, en cocinas ineficientes y, a menudo, mal ventiladas. Y el regreso de la jornada de trabajo serán aún peor si no tienen electricidad.

La exposición al hollín y al humo causa cerca de 4 millones de muertes prematuras y 40 millones de nuevos casos de bronquitis crónica cada año. Las mujeres y los niños son los más perjudicados.

Para mejorar la vida de los pobres y crear oportunidades de trabajo para ellos, los países en desarrollo necesitarán mucha más energía que la que necesitan hoy día.

Los países pobres consumen per capita, sólo el 5% de la energía moderna que consumen los países ricos. En las zonas rurales del mundo en desarrollo, en particular, en Asia meridional y África al sur del Sahara, cuatro de cinco personas viven sin electricidad. Los países ricos han desarrollado más del 70% de su energía hidroeléctrica económicamente viable. En general, para los países en desarrollo, la cifra correspondiente es de sólo el 20%, y para África es apenas del 3%.

Los miles de millones de personas más pobres del mundo consumen anualmente sólo 0,2 toneladas equivalentes de petróleo per capita, mientras que los miles de millones más prósperos consumen 25 veces más.

La conclusión es evidente. Los países en desarrollo necesitan más energía y tienen que utilizarla con prudencia si desean mejoran sus niveles de vida.

El gran interrogante es si se puede ampliar el acceso a la energía de tal forma que deje una huella ambiental sostenible, tanto a nivel local como mundial. 
3. Como pionero mundial en energía limpia, el Brasil tiene mucho que enseñarle al mundo sobre la forma en que los países en desarrollo pueden utilizar más energía, dejando una huella ambiental mucho menor.

El mundo industrializado es, en su gran mayoría, responsable de las emisiones actuales de gas de efecto invernadero – lo cual significa que debe tomar la iniciativa de hacer algo al respecto. Las emisiones de gas de efecto invernadero per capita de los países ricos son actualmente cinco veces superiores a la de los países pobres.
Aún así, resulta claro que la demanda de energía también aumenta radicalmente a medida que crecen los países en desarrollo. China ya se ha convertido en el segundo emisor más grande del mundo de gases de efecto invernadero, después de los EE.UU. Su alto consumo del recurso se debe en parte a las ineficiencias – China consume aproximadamente el doble de energía por unidad del PIB que las economías occidentales. 

A medida que los países ricos y pobres invierten en infraestructura de energía, tendrán que emplear una tecnología que use energía eficientemente a fin de reducir las futuras emisiones de gases de efecto invernadero. Con todo, las centrales eléctricas de los países en desarrollo, e incluso de los países de la OCDE – que están a punto de emprender un importante programa de renovación de sus centrales eléctricas – todavía tienen que adoptar tecnologías limpias. Esta es una grave preocupación.

Para muchos, una mayor generación de energía y menos emisiones de gases de efecto invernadero plantean un doble desafío. El Brasil está desarrollando formas innovadoras de convertir este doble desafío en un doble dividendo.

El Brasil entiende cada vez más la importancia de mantener un equilibrio entre el desarrollo y la conservación, habiendo elegido el camino de la innovación para abordar este desafío. Los resultados son notables. Hoy día, el 42% del consumo energético  del Brasil proviene de fuentes renovables, en comparación con el 6% de los países de la OCDE.

Alrededor del 90% de la electricidad del Brasil es energía hidroeléctrica. El Brasil es asimismo el mayor productor y consumidor del mundo de etanol combustible, extraído de la caña de azúcar, un logro posible porque es el productor más eficiente del mundo de caña de azúcar, que representa cerca del 60% del costo de la producción de etanol. Hoy día, el programa de etanol ahorra alrededor de 180.000 barriles diarios de gasolina, valorados en unos US$4.000 millones por año. Esto significa que no se agregan cerca de 24 millones de toneladas de anhídrido carbónico a la atmósfera cada año. 

La energía verde tiene asimismo un enorme beneficio por su potencial de ganar créditos de emisión en los mercados públicos y privados de emisiones de carbono en rápido crecimiento. No es de extrañarse entonces que el Presidente Lula, el Ministro Palocci, el Ministro Rodríguez y muchos otros estén tan entusiasmados ante las perspectivas económicas, laborales y ambientales de la bioenergía en el Brasil.

Pero no sirve de nada ser tan idealista sobre el Brasil, seamos sinceros en cuanto a los dos desafíos que continúa enfrentando el Brasil.  

En primer lugar, a pesar de la gran preocupación del Brasil por el medio ambiente y de las enormes posibilidades de ampliar sus opciones en materia de energía renovable, la legislación ambiental aleja a veces a los inversionistas. Es irónico lo fácil que resulta obtener una autorización ambiental para las centrales termoeléctricas. Es lamentable también que Manaus, que se encuentra en el corazón de la fuente de energía hidroeléctrica más grande del mundo, dependa del combustible diesel que se transporta a través de centenares de kilómetros a lo largo del río Amazonas.

Estos casos demuestran la necesidad de políticas ambientales amplias y coherentes que equilibren la necesidad de alentar el desarrollo y proteger los recursos naturales para cosechar los dobles dividendos que pudieran generarse. No es una tarea fácil, pero me alegró saber que se está avanzando en la emisión de licencias ambientales en las recientes subastas de energía, y en el uso de las herramientas estratégicas de evaluación ambiental.  

El segundo desafío radica en reducir la amenaza de la deforestación. Tan sólo en los últimos cinco años, se talaron aproximadamente 112.000 kilómetros cuadrados en la Amazonia -€ el orgullo del Brasil, el depósito de biodiversidad más rico del mundo, y un activo económico vital para la población indígena.

Esta semana he visto con mis propios ojos la vastedad de la Amazonía brasileña (con una superficie más grande que todos los países de Europa occidental y central juntos). Me reuní con los caucheros, las ONG, gente de negocios y dirigentes del gobierno. Ahora entiendo que los desafíos son tan vastos como la propia Amazonia. Me impresionó profundamente la visión de algunos dirigentes y el compromiso demostrado por tantos otros para tratar las causas de la deforestación. También me alentó la caída substancial (31%) de la tasa de deforestación el año pasado, a pesar de que, como me informó el Ministro Palocci, aumentó la superficie cultivada.

Pero todavía queda mucho por hacer. El Brasil es uno de los nueve países, y el más grande, que alberga el extraordinario tesoro de la Amazonia. No es sólo un patrimonio nacional para la gente del Brasil, sino un activo para toda la región y para la comunidad mundial. El Brasil tendrá que aplicar la misma creatividad para la Amazonia que para la energía limpia, a fin de beneficiarse del ecosistema, sin destruirlo. Y el mundo está interesado en ayudar a gestionar dichos recursos en una manera que maximice la contribución al desarrollo y conserve el medio ambiente.

4. El Banco Mundial puede ayudar a los países en desarrollo a cosechar estos "dobles dividendos".

Nuestra misión en el Grupo del Banco Mundial es prestar apoyo al desarrollo económico y a las políticas que ayudan a los pobres. En un país de ingreso mediano como el Brasil, el Banco presta su apoyo de diferentes maneras. 
PAPEL # 1: INTERCAMBIO DE CONOCIMIENTOS Y ASESORAMIENTO EN POLÍTICAS

En primer lugar, el Brasil tiene una enorme cantidad de conocimientos y tecnologías en el campo de la energía y del medio ambiente que puede compartir con el resto del mundo. Uno de los papeles importantes que desempeña el Banco Mundial en el mundo en desarrollo es facilitar el intercambio de conocimientos para el desarrollo. Tras esta semana en el Brasil, me resulta evidente que el potencial de asociaciones entre el Banco Mundial y el Brasil para exportar los conocimientos técnicos brasileños es grande y recién se están comenzando a aprovechar.

El año pasado, firmamos el primer préstamo de reforma para la sostenibilidad ambiental ($505 millones) destinado a ayudar al Brasil para que equilibre el crecimiento económico con el desarrollo social y la gestión ambiental. Las reformas respaldadas por el préstamo asegurarán la integración de las cuestiones ambientales a la planificación económica del Brasil.

A principios de este mes, la Corporación Financiera Internacional - el brazo del sector privado del Banco - y sus socios de Bovespa y de la Fundación Getulio Vargas lanzaron el primer índice de sostenibilidad en América Latina, el cual comprende hasta 40 compañías locales y sigue no sólo su rendimiento financiero, sino su rendimiento ambiental y social. El índice es parte de una tendencia más amplia de promover prácticas comerciales inocuas para el medio ambiente.
PAPEL # 2: ASOCIACIONES SOBRE BIENES PÚBLICOS MUNDIALES

En segundo lugar, el Banco Mundial se asocia con los países en desarrollo para mejorar el suministro de lo que denominamos "bienes públicos mundiales". La liberalización del comercio es un ejemplo de ello. Es una cuestión de importancia vital para la gente más pobre del mundo, en la que el Brasil ha desempeñado un papel destacado. Ésta es otra cuestión sobre la cual el Brasil y el Banco Mundial continuarán trabajando en estrecha colaboración.

También estamos contemplando formas de apoyar la tecnología limpia y eficiente y de proteger a las comunidades vulnerables contra la variabilidad y los cambios climáticos extremos. En la Cumbre de Gleneagles, a la que asistió el Presidente Lula este año, los líderes del G8 solicitaron al Banco Mundial que desarrollara un "marco para la inversión" con miras a promover tecnologías inocuas para el clima para los países en desarrollo. Hemos celebrado reuniones con la industria del reaseguro, los bancos de inversión y las compañías de tecnología de punta, y enviamos equipos para consultar con los gobiernos del Brasil, la India, China, México y Sudáfrica. Todavía hay mucho por hacer.

Al igual que nuestro informe “Doing Business”, estamos desarrollando un índice de conservación, en consulta con nuestros asociados, que considerará la gestión de los recursos naturales de un país y las oportunidades creadas para las comunidades indígenas.
PAPEL # 3: FINANCIAMIENTO PARA EL DESARROLLO

En tercer lugar, está el papel tradicional, pero no menos importante, del Grupo del Banco Mundial en el financiamiento. Tenemos dos instrumentos de préstamo importantes para el financiamiento de proyectos en Brasil –  los préstamos del BIRF al sector público y los préstamos de la CFI al sector privado.

También desarrollamos una amplia gama de instrumentos del préstamo y donaciones, incluyendo garantías del OMGI, del BIRF y de la CFI, y donaciones del Fondo para el Medio Ambiente Mundial, así como varios fondos para reducir las emisiones de carbono que totalizan casi US$1.000 millones.
***

Permítanme utilizar el ejemplo de la Amazonia para sugerir cómo el Banco Mundial podría desempeñar un papel para afrontar los grandes desafíos que plantean el medio ambiente y el desarrollo en nuestra época.

Durante la última década, el Banco Mundial ha tenido poca participación en la Amazonia, aparte de un programa de donaciones, financiado por donantes, de aproximadamente US$400 millones. Aunque eso puede sonar como una gran cantidad, cuando se distribuye a lo largo de diez años, es muy modesta frente a los desafíos - y la importancia - de la Amazonia. En el viaje que realicé esta semana a la Amazonia, me quedó la impresión de que los brasileños están abordando cada vez más el desafío de cómo continuar con el desarrollo económico tan necesario, al tiempo que protegen simultáneamente los bosques de la Amazonia.  Mientras que todos no comparten la misma visión del futuro, se están estrechando las diferencias entre la gente. En algunos casos - como en el Estado de Para - esta visión han sido respaldada muy ampliamente por los funcionarios públicos electos.

Es necesario abordar las cuestiones relacionadas con el desarrollo y el medio ambiente de la Amazonia a una escala acorde con la vastedad de la zona y la complejidad del problema. Muchos brasileños me solicitaron un compromiso más grande por parte del Banco Mundial como asociado de los dirigentes políticos del ámbito nacional y estatal que están desarrollando una visión para el futuro y necesitan ayuda para traducir esa visión en acción. En muchas ocasiones me dijeron que el Grupo del Banco Mundial podría desempeñar un papel importante, en parte como organismo financiero, pero más que nada debido a nuestros grandes conocimientos especializados en la materia y a nuestra capacidad de catalizar la cooperación local e internacional para abordar este desafío.

En respuesta a dichas solicitudes, estamos preparados para considerar la forma de mejorar nuestros esfuerzos en la Amazonia. Por otra parte, estamos asesorando dentro del ámbito nacional sobre la formulación de políticas en pro de los pobres, del crecimiento y del medio ambiente. El año pasado, firmamos el primer préstamo de reforma para la sostenibilidad ambiental ($505 millones). Estamos trabajando con el Estado de Para en el desarrollo de un proyecto de US$100 millones para ayudar en la ejecución de una visión prometedora de la conservación forestal y el desarrollo económico que me explicó el Gobernador Simao Jatene en Belem.

Creo que hay muchas oportunidades para nosotros, junto con nuestros asociados, para lograr un cambio real. Por ejemplo, en el entorno político y legal correcto, el Grupo del Banco Mundial y otros donantes internacionales podrían trabajar a una escala mucho mayor sobre la conservación forestal, sobre proyectos con agricultores y agroindustrias, sobre el análisis y financiamiento de formas apropiadas de generación y distribución de la energía y sobre el transporte con el fin de lograr las dos metas de desarrollo y protección ambiental.

Por supuesto, el gobierno nacional y los gobiernos estatales brasileños serían, como es lógico y apropiado, los principales asociados del Banco. Pero con el gobierno y por su intermedio, trabajaríamos con otros asociados brasileños - el sector privado, las instituciones de investigación y la sociedad civil. Y creo que la comunidad internacional estaría dispuesta a aportar recursos internacionales adicionales para abordar estos dos desafíos. 
***

Para concluir, a medida que el Brasil se desarrolla, el Banco Mundial va desempeñando un papel más pequeño en este gran escenario que es el Brasil. Nuestros préstamos representan tan sólo un 0,3% del PIB del Brasil y menos de 6% del financiamiento externo total.  Por lo tanto, nuestra estrategia debe ser realista y debemos centrarnos en aquellas cuestiones en las que tengamos una ventaja comparativa y a las que podamos agregarles un valor real.  

Lo que había escuchado antes de venir al Brasil, lo he confirmado con todo lo que he visto y escuchado en esta semana aquí. Es decir, el Banco puede y debe continuar participando en las actividades de conservación, pero también es necesario que participe con las grandes fuerzas del desarrollo en un enfoque integrado.   

Tal participación podría contribuir con importantes cuestiones mundiales, como la biodiversidad y el cambio climático, pero es fundamental para el equilibrio nacional entre el desarrollo y el medio ambiente que buscan lograr los brasileños.  

Para el Banco Mundial, el Brasil es más que un prestatario y se está convirtiendo en un importante protagonista mundial como donante, exportador de conocimientos y líder del medio ambiente. 

El Banco Mundial puede trabajar con el Brasil, y continuará haciéndolo, en pos de una mayor concienciación mundial sobre la responsabilidad que todos compartimos hacia nuestro medio ambiente. Se lo debemos a los niños y a los nietos del Brasil – y del mundo – para demostrar que las próximas décadas pueden ser diferentes. Que podemos cosechar el dividendo doble de un sólido crecimiento en un planeta sano.

Gracias.


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