12 de junio, 2006—Las consecuencias de enfermedades en aves domesticadas y ganado pueden ser complejas y con frecuencia van más allá de los efectos inmediatos que sufren los productores afectados. Estas enfermedades tienen numerosas consecuencias, tales como:
pérdida de productividad en el sector pecuario (pérdida de producción, costo de tratamiento y perturbaciones del mercado).
pérdida de ingreso proveniente de actividades que usan recursos animales (en sectores como agricultura, energía, transporte y turismo).
pérdida de bienestar de los seres humanos (tasas de morbilidad e incluso de mortalidad, calidad y seguridad alimentaria).
costos de prevención y control (costos de producción, gasto público)
uso subóptimo del potencial de producción (especies animales, genética y prácticas de crianza de ganado).
Estos efectos sociales y económicos son dables de ser clasificados como “directos”, “secundarios” (impacto en las actividades de las industrias de materias primas y las industrias procesadoras de estas materias), “indirectos” (impacto en otros sectores), “de largo plazo” o “remotos”.
Efectos directos
El impacto más directo de las patologías de los animales es la pérdida de producción y/o productividad y la consiguiente pérdida de ingreso de los agricultores.
Este efecto puede mitigarse si la economía agrícola es diversificada o si hay otras oportunidades para generar ingreso. Sin embargo, si la economía depende de uno o dos productos vulnerables, los impactos pueden ser graves y la seguridad alimentaria puede estar en peligro.
El impacto económico también depende de las estrategias en respuesta a las patologías de los animales que adopten los agricultores y los posibles ajustes al mercado. La pérdida de bienestar de los agricultores será usualmente menor que el valor del producto perdido, excepto si el agricultor tiene pocas alternativas o si depende totalmente del producto afectado, siendo este último caso bastante frecuente en los países en desarrollo.
Por lo tanto, las pérdidas directas son el resultado de la enfermedad misma (pueden ser muy altas cuando la tasa de mortalidad es de entre 50% y 100%) o desde las medidas de sanidad animal.
En Viet Nam, el país más afectado por la gripe aviar, se eliminó casi 44 millones de aves –17% de la población de aves de corral del país– a un costo estimado de US$120 millones (0,3% del PNB). Los pequeños productores son los que perdieron menos en términos absolutos y más en términos relativos, debido a que el brote generó pérdidas equivalente a más de 50 veces su ingreso diario (de US$2 o menos diarios).
En África, los abortos causados por la fiebre viral del Valle del Rift no sólo inciden en las tasas de natalidad, sino también, debido a la disminución de la producción lechera, reducen el consumo humano de leche en el año siguiente al brote de la enfermedad.
En el sector lácteo de Kenya, se calcula que las pérdidas en la producción de leche representaron el 30% de las pérdidas causadas por un brote de fiebre aftosa que ocurrió en la década de 1980.
Los costos directos son con frecuencia muy inferiores a los costos indirectos de las patologías de los animales y se relacionan directamente con la contención rápida de los brotes: los estudios de casos prácticos muestran que la detección temprana y la ejecución de medidas apropiadas en el evento de un brote son esenciales para ayudar a minimizar las pérdidas directas al máximo posible. Por el contrario las medidas de control y erradicación inapropiadas son las responsables de estas situaciones endémicas, cuyo control y erradicación es mucho más difícil y costoso.
Efectos secundarios
El sector pecuario juega un papel importante en el desarrollo económico de muchos países. La producción de carne y otros alimentos de origen animal genera ingresos, empleos y divisas para todos los actores de la industria pecuaria. Por consiguiente, una enfermedad epizootia puede afectar las actividades de las industrias de materias primas (insumos, recursos genéticos) y de procesamiento de materias primas (mataderos, operaciones de carneo y procesamiento y comercialización de la carne) en términos de empleos, ingreso para los actores de la industria o acceso al mercado.
De manera similar, un brote de pleuroneumonía bovina contagiosa en Botswana terminó en la eliminación de más de 300.000 animales en la provincia más seriamente afectada, así como en el cierre inmediato del matadero para productos de exportación que empleaba a 200 personas. Debido a la función catalizadora de la crianza de ganado en la economía rural en su conjunto, posteriormente se calculó que los costos de los efectos indirectos de estas medidas fueron siete veces más altos que los costos de las pérdidas directas.
En Viet Nam, 60% del segmento más pobre de la población, para el cual la crianza de aves de corral representa entre 6% y 7% del ingreso familiar, es especialmente vulnerable a la pérdida de ingresos causada por la gripe aviar.
La FAO y la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) calculan que al menos parte del ingreso de un tercio a la mitad de la población que vive en las áreas más afectas del sudeste de Asia depende de la crianza de aves de corral. En Francia, el principal productor europeo de aves de corral, cálculos indican que los agricultores afectados por la crisis perdieron 40% de sus ingresos en tres meses (entre enero y marzo de 2006).
Los efectos de la pérdida productiva también están relacionados con las fluctuaciones de precios, que son el resultado de (des)equilibrios en la oferta y la demanda. Según el mercado, los precios pueden subir rápidamente (producto de consumo en el mercado nacional) o caer estrepitosamente (producto prohibido para exportación, pero autorizado para consumo en el mercado nacional, producto determinado como demasiado peligroso para consumo humano o percibido como tal). En Brasil, donde se exporta 30% de la producción, el precio del pollo de un día, indicador de un posible cambio en la producción, cayó en 50%. Incluso en el caso de algunos países no infectados, las incertidumbres del mercado y las caídas de los precios llevaron a los grandes productores a disminuir la producción en 15% este año.
La pérdida de acceso o la oportunidad de acceso a mercados regionales e internacionales con frecuencia tienen consecuencias económicas más graves que las meras pérdidas de producción. En 1997 y 1998, los brotes de fiebre viral en el Valle del Rift, en África oriental, afectaron gravemente las economías de pastoreo en Somalia y redujeron las exportaciones (que generan más de 90% de las divisas en la “tierra somalí”) en más de 75% luego de un embargo declarado por Arabia Saudita a todos los productos de origen animal provenientes del Cuerno de África.
Por el contrario, la erradicación de ciertas enfermedades para facilitar el acceso a mercados de “alto valor" para las exportaciones puede traer considerables beneficios.
Uruguay es un buen ejemplo de un país que ha ganado acceso a un mercado lucrativo tras erradicar la fiebre aftosa. Las exportaciones de carne aumentaron en más de 100% en volumen y en 52% en valor después de que la OIE declarara a Uruguay oficialmente libre de fiebre aftosa, sin necesidad de vacunas, en 1996. El acceso al mercado de Estados Unidos (donde los precios duplican los del mercado nacional) proporciona a Uruguay ingresos adicionales de aproximadamente US$20 millones cada año. Un análisis de mediano plazo reveló que el acceso a los mercados de la “cuenca del Pacífico” generaría ingresos adicionales de US$90 millones cada año y, sin embargo, antes de erradicar la enfermedad, Uruguay había gastado (sólo) US$8 millones a US$9 millones cada año en vacunas para combatir la fiebre aftosa. En este caso, los costos de control representaron menos del 10% del ingreso generado tan sólo por las exportaciones.
El sector de alimentos para aves de corral en Europa, con un volumen de negocios de US$42.000 millones, ha sido afectado por la crisis de la gripe aviar debido a una disminución de 40% en la demanda de productos avícolas en diversos países de la Unión Europea.
Efectos indirectos
Las enfermedades de los animales pueden tener graves incidencias en la disponibilidad y calidad de alimentos para las comunidades pobres. Es bien conocido que la agricultura juega un papel destacado en la generación de ingresos y empleos en otros sectores, pero su estrecha interdependencia ha sido especialmente evidente durante recientes casos de enfermedades epizootias.
En sociedades de pastoreo, la crianza de animales contribuye directa e indirectamente a la seguridad alimentaria y a la nutrición como fuente de proteínas, vitaminas y microelementos de calidad, a la tracción y a productos comercializables. Ciertas enfermedades (por ejemplo, la peste bovina) podrían tener repercusiones importantes en el suministro de alimentos y la nutrición de las comunidades pobres que no tienen acceso a sustitutos, hecho que podría traducirse en una hambruna.
La carne de ave es la principal fuente de proteína animal (que ya de por sí es bastante escasa) en África y es una fuente indispensable de ingresos discrecionales para la supervivencia de millones de pequeños agricultores. Así, las altas tasas de mortalidad de la gripe aviar, que es en extremo patógena, y la matanza sanitaria de aves de corral tendría un efecto negativo en la cantidad de alimentos disponibles para toda la población y en el ingreso de las familias rurales.
Además, los países en desarrollo o en transición, que con frecuencia tienen sistemas de salud deficientes, son más propensos al riesgo de las zoonosis.
La importante epidemia de fiebre que en 1977 y 1978 azotó el Valle del Rift, en Egipto, infectó a más de 200.000 personas y causó 600 muertes. Veinte años después, una nueva epidemia afectó a más de 500.000 personas en África oriental y 500 personas sucumbieron a la forma hemorrágica de la enfermedad.
Pero las zoonosis también afectan a los países industrializados, que tienen elevadas normas sanitarias, como el caso de la crisis de encefalopatía espongiforme bovina de Europa. Las enfermedades transmitidas por los alimentos (se ha clasificado más de 200) son una de las principales causas de gastroenteritis aguda (que cuesta a los Países Bajos US$27 millones cada año) y la principal causa de morbilidad con víctimas fatales en niños del tercer mundo.
En el caso específico de una pandemia, la principal pérdida económica proviene del aumento de la morbilidad y muertes en la población humana y sus repercusiones en la economía mundial. Estudios muy recientes sugieren que la gripe “española” de 1918 causó la muerte de 50 millones de personas, esto es, el 2,5% de la población de ese tiempo. Las pérdidas económicas más evidentes fueron la reducción en la cantidad y productividad de la fuerza laboral. Los expertos indican que, en caso de una pandemia, estas pérdidas podrían ascender a 10 veces más que todas las otras pérdidas combinadas.
Otra categoría de impacto económico se relaciona con las estrategias personales destinadas a evitar la contaminación o sobrevivir a una posible contaminación. El ejemplo del síndrome respiratorio agudo (SARS) muestra claramente una fuerte caída en la demanda del sector de servicios (turismo, transporte público, comercio al detalle y servicios de alojamiento y alimentación) como resultado de los esfuerzos combinados de las personas para evitar el contacto cercano con posibles contagiados. Según la experiencia con el síndrome respiratorio agudo en Asia sudoriental, el Banco Mundial cree que la pandemia de gripe aviar podría traducirse en una pérdida de 2% del producto interno bruto mundial y podría costarle a la economía mundial US$800.000 millones en el lapso de un año.
Las pérdidas son difíciles de calcular y sin duda serán mucho más significativas a la luz de tasas de mortalidad extremadamente altas en países en desarrollo que no cuentan con buenos sistemas de atención de salud.
Las repercusiones de las enfermedades transmitidas por animales en los sectores de turismo y ocio también podrían ser bastante significativas. El efecto negativo de la fiebre aftosa en el Reino Unido en esos dos sectores ascendió a US$49.000 millones debido a las restricciones de acceso a zonas rurales y representó más de la mitad del costo total de la enfermedad.
También deben considerarse los efectos en el medio ambiente cuando la vida silvestre se ve amenazada o en los casos en que las medidas de protección tienen efectos negativos en el medio ambiente (como el uso de pesticidas en la lucha contra vectores y en el caso de desechos contaminados).
Efectos de largo plazo
Es difícil calcular el costo que generará la pérdida de confianza del público en las industrias de productos de origen animal de sus propios países o la de un país importador en los servicios veterinarios del país exportador.
El miedo obsesivo de los consumidores a la encefalopatía espongiforme bovina (la enfermedad de las vacas locas), alimentado por los medios de comunicación y que una buena estrategia comunicacional podría haber prevenido, tuvo tremendas repercusiones sociales en una Europa que todavía se tambaleaba debido a las consecuencias económicas de largo plazo.
En Italia, la percepción –sin fundamento– del riesgo alimentario relacionado con la gripe aviar, combinado con la poca confianza en los servicios de salud pública, resultó en una disminución de 70% en el consumo de carne de ave y huevos.
La pérdida de confianza de un país importador puede gatillar un embargo duradero con graves repercusiones sociales y económicas, como el embargo de la Península Arábica al Cuerno de África afectado por la fiebre viral del Valle del Rift.
Las enfermedades transmitidas por animales también pueden tener repercusiones indirectas de largo plazo que afectan la productividad diferida. Este es el caso, por ejemplo, podría ser la disminución de la tasa de fecundidad en especies de ciclo largo, cuyos efectos perduran por períodos de entre 10 y 20 años.
En resumen, rara vez se tienen en cuenta los costos a largo plazo de una respuesta lenta. Los análisis económicos se abocan principalmente a los efectos de los brotes y rara vez consideran los efectos a largo plazo de una situación endémica (con brotes menos virulentos, pero que son recurrentes en el tiempo por varios años). Este es el caso de la fiebre porcina clásica en Haití, donde los brotes recurrentes redujeron la tasa de aprovechamiento en 10% y que significó una pérdida de ingreso de US$2,7 millones cada año para los criadores de cerdos.
En crisis más graves, los impactos a largo plazo se harían sentir asimismo por los costos adicionales de financiar medidas de prevención y control, que podrían resultar en una reducción equivalente en el ahorro y las inversiones.
Efectos remotos
Para evaluar el impacto mundial de las patologías de los animales en los mercados internacionales, podría ameritar un marco de análisis que conectara los mercados tanto en términos espaciales como de productos.
Por ejemplo, el análisis del impacto mundial de la crisis de la gripe aviar en Europa se ve complicado por los recientes brotes de fiebre aftosa en Brasil, el principal exportador mundial de carne de res y de ave. Por lo tanto, es fácil imaginar lo que significaría la combinación de estos dos eventos en términos del aumento de precios de todas las carnes, similar a lo que ocurrió en 2004 cuando se declaró la encefalopatía espongiforme bovina en América del Norte. La Unión Europea, importador neto de carne –especialmente proveniente de Brasil–, vería aumentar el precio de la carne en sus mercados internos a raíz del embargo impuesto a la carne brasileña como consecuencia de la fiebre aftosa.
Cabe señalar que las crisis tienen un impacto acumulativo, especialmente debido al efecto amplificador de la globalización. El siguiente ejemplo ilustra los efectos secundarios, indirectos y remotos: En Estados Unidos, donde 62% de la producción de oleaginosas y cereales está orientado a la producción de productos de origen animal, una enfermedad epizootia que reduce la producción animal en 10% tendría un efecto inmediato en la pérdida de 418.000 empleos, un superávit de 18,4 toneladas de cereales y oleaginosas, una reducción de 10% en el comercio mundial y crisis en otros países productores. La influenza aviar altamente patógena es el ejemplo perfecto de una enfermedad de origen animal que tiene la capacidad de generar todos los impactos descritos en este documento.