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Se exhorta a los países a invertir en sus pequeños ciudadanos

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26 de enero de 2007— Ayudar a que unos 200 millones de niños desfavorecidos alcancen su potencial podría resultar beneficioso para los países en desarrollo. Esa es la principal conclusión a la que llegó un estudio de investigación publicado por la revista médica, The Lancet, cuya coautora es la especialista en desarrollo infantil del Banco Mundial Mary Eming Young.

La mala alimentación, la falta de estímulos, la exposición a enfermedades o las condiciones ambientales insalubres ponen en peligro a millones de niños menores de cinco años.

No obstante, los programas destinados a la primera infancia que llevan a cabo los países en desarrollo están demostrando que las inversiones en los ciudadanos más pequeños son eficaces, según el artículo "Strategies to avoid the loss of developmental potential in more than 200 million children in the developing world" (Estrategias para evitar la pérdida de potencial de desarrollo en más de 200 millones de niños del mundo en desarrollo), publicado el 20 de enero (que se encuentra disponible en el sitio web de The Lancet para los suscritores de pago).

"Las evidencias que aportan los países en desarrollo refuerzan lo que han demostrado los países desarrollados —los primeros años de la infancia son importantes y los programas que benefician directamente a los niños y apoyan a los padres a través de métodos efectivos de crianza desempeñan un papel esencial en el desarrollo infantil y tienen efectos a largo plazo", comenta Young. Young y los coautores del artículo analizaron 20 estudios de investigación en los países en desarrollo y comprobaron que las intervenciones a temprana edad favorecen el desarrollo infantil y previenen la pérdida de desarrollo.

Las ventajas y los costos de dichas inversiones son comparables a la "inversión en infraestructura", señala Young. "La inversión en la niñez tiene efectos positivos y es una operación rentable.

Es necesario que los países inviertan en los niños más pequeños para que se desarrolle y crezca su economía". En un proyecto en Bolivia, las personas que cuidan niños en los barrios fueron capacitadas en cuestiones de nutrición y en la forma de estimular a los niños y alentarlos a jugar.

Por cada dólar invertido, el programa creó 2 dólares en beneficios- una buena rentabilidad, comenta Young.

El seguimiento que llevó a cabo el estudio estadounidense sobre educación preescolar, denominado Perry Preschool Study, durante 40 años, demuestra que los programas de intervención temprana de alta calidad para niños desfavorecidos se traducen décadas más tarde en mayores logros educativos, ingresos más altos, una mejor salud y una menor delincuencia.

Los beneficios logrados ascendieron a 17 dólares para cada dólar invertido, indica Young.

Aún queda mucho por hacer

El Banco Mundial ha otorgado 1.700 millones de dólares en apoyo de programas de desarrollo infantil temprano y en la actualidad es el "principal prestamista de la comunidad de donantes", añade Young.

El Banco también funciona como centro para el intercambio de conocimientos, fomento de la capacidad, asistencia técnica y asesoramiento sobre las políticas dirigidas a la primera infancia.

Pero, "el desafío es mucho mayor, porque ahora sabemos que la calidad del capital humano, para la economía del conocimiento, gira realmente en torno a la calidad de los niños, en la forma en que ellos se desarrollan".

El desarrollo del cerebro del niño en sus primeros años incide en su salud física y mental, su capacidad de aprendizaje y su comportamiento durante toda la vida, dice Young. Los niños que reciben una buena educación y crianza durante su infancia y adolescencia tienden a rendir mejor en la escuela, a permanecer más tiempo en la escuela y tienen mayores posibilidades de desarrollar las aptitudes necesarias para contribuir en forma productiva al desarrollo socioeconómico.

Pero los gobiernos enfrentan imperativos difíciles de conciliar — como la escolarización primaria— ?y no consideran a menudo los programas infantiles como su máxima prioridad, dice Young, agregando que lo que no se llega a entender por completo es que la educación primaria tiene pocas probabilidades de brindar buenos resultados si el alumno no ha sido correctamente educado a temprana edad".

Las prioridades son numerosas y los gobiernos se preguntan cómo pueden comenzar a interesarse en la primera infancia si todavía no han logrado que todos los niños terminen la escuela primaria. Los gobiernos piensan que están llegando lo suficientemente temprano a los niños con la escuela primaria.

"Esa es precisamente la idea falsa que intentamos clarificar. Las grandes disparidades en el desarrollo infantil (habilidades cognoscitivas y no cognoscitivas) aparecen en las primeras etapas de la vida, mucho antes de que los niños comiencen la escuela. Los niños más desfavorecidos no recuperan nunca este retraso, tienden a abandonar tempranamente sus estudios y no progresan en la escuela".

Carla Bertoncino, economista a cargo del programa de desarrollo infantil temprano que conduce el Banco en Eritrea y que el gobierno se ha propuesto continuar una vez que termine este proyecto en marzo, dice que la exigencia de tales programas a nivel de la comunidad resulta efectiva. Si los padres están al tanto de los beneficios, es muy probable que exijan dichos programas a los gobiernos.

"Pero, a menudo, no se dan cuenta de que a menos que les brinden una buena educación a sus niños, la pobreza seguirá perpetuándose de generación en generación.




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