10 de mayo de 2007—En el hospital Kayunga de Uganda, el instrumental médico incluye no sólo bisturís, sino también linternas.
A diferencia del 75% de los hogares de África, el hospital tiene el privilegio de estar conectado a la red eléctrica. Sin embargo, el hospital recibe electricidad sólo día por medio (unos 15 días cada mes) y el generador toma bastante tiempo en encender, explica el Dr. Musisi Dirisa.
“Muchas veces debemos improvisar con antorchas u objetos parecidos”, agrega.
“Es un gran desafío para nosotros. Con frecuencia debemos enviar a nuestros pacientes a otros hospitales, pero eso tiene un costo para el hospital y pone en riesgo la vida de ellos”.
Siete veces menos energía
Los países de África al sur del Sahara consumen siete veces menos energía eléctrica que los países de ingreso alto, según señala el Little Green Data Book del Banco Mundial, lanzado el 8 de mayo en el marco de las reuniones de la Comisión de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible que se realizan en Nueva York.
Sólo 25% de la población de África tiene acceso a energía eléctrica, indica el Marco de referencia para inversiones en generación de energías no contaminantes y desarrollo del Banco Mundial.
Aproximadamente 56% de la energía que se consume en África proviene de biomasa tradicional, especialmente leña. Los 20 principales consumidores de biomasa del mundo son países africanos, a excepción de Nepal (que ocupa el cuarto lugar), Haití (el decimoprimero) y Myanmar (el decimosegundo), afirma el libro.
La creciente demanda de energía ha reducido la superficie de los bosques. Entre 1990 y 2005, desaparecieron casi 45.000 kilómetros cuadrados de bosques en países de ingreso bajo y otros 38.000 kilómetros cuadrados en países de ingreso medio bajo.
“La mayor parte de la población (africana) no tiene acceso a energía no contaminante, situación que repercute en su salud”, afirma Katherine Sierra, Vicepresidente del Banco Mundial, Desarrollo Sostenible.
“Dentro de sus hogares respiran el aire contaminado que generan los malos combustibles. Como no hay iluminación artificial en la noche, los niños no pueden estudiar después de que oscurece. Los centros de salud primaria no cuentan con refrigeración, así que las vacunas se deterioran”.
Efectos en la lucha contra la pobreza
Katherine Sierra afirma que el problema se traduce en un desafío grave para el crecimiento económico y la consecución de los objetivos de desarrollo, como el de reducir la pobreza a la mitad antes de 2015.
“Todo esto está muy relacionado con la lucha contra la pobreza”, agrega. “Está claro que parte de la solución es un fuerte aumento del acceso a energía moderna”. Pero proyecciones indican que en el año 2030, incluso si se duplica el gasto en energía en el continente, la tasa de acceso promedio todavía será de alrededor de 50%.
Sin embargo, también ese aumento exige duplicar la asistencia, de los US$2.000 millones que se entregan actualmente cada año a US$4.000 millones, advierte Katherine Sierra.
“Pero lo podemos lograr", afirma. “Es una meta difícil de alcanzar y cuando la fijamos, tomamos en cuenta lo que era posible de lograr en términos financieros, pero también de lo que disponíamos en términos de capacidad en el terreno para llegar a ese punto”.
Incentivar un crecimiento más favorable para el medio ambiente
Katherine Sierra dice que se necesitará mucho más dinero para “incentivar a los países en desarrollo a seguir un derrotero de crecimiento más favorable para el medio ambiente” que se base en tecnologías nuevas y menos contaminantes.
El Banco Mundial calcula que, a nivel mundial, el sector de energía necesita al menos US$30.000 millones cada año para transitar hacia una economía que genere menos emisiones de carbono. Eso, aparte de los más de US$165.000 millones necesarios cada año para proporcionar energía eléctrica en los países en desarrollo.
El mercado del carbono, que ayuda a financiar proyectos de generación de energía no contaminante y uso eficiente de la energía en países en desarrollo, sumó US$30.000 millones en 2006. De este monto, unos US$5.000 millones llegaron a países en desarrollo.
Katherine Sierra sostiene que objetivos más ambiciosos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero en la Unión Europea y otros países estimularán el crecimiento del mercado del carbono y así éste permitirá financiar proyectos de desarrollo no contaminante en países en vías de desarrollo por unos US$50.000 millones en los próximos decenios.