9 de mayo de 2007—Hace más de un decenio, los habitantes de las zonas rurales del sudeste de Senegal fueron testigos impotentes de la tala de sus bosques autóctonos para satisfacer la creciente demanda urbana de carbón de leña como fuente de energía.
Los comerciantes urbanos de carbón se enriquecieron con la venta de miles de toneladas de carbón vegetal (procesado de manera ineficiente) a Dakar y otras zonas urbanas que utilizan este combustible para cocinar. Al mismo tiempo, los pobres de las zonas rurales se empobrecieron aún más, al igual que el medio ambiente.
Las regiones de Tambacounda y Kolda perdían alrededor de 30.000 hectáreas de bosque cada año. Muchos temieron que la deforestación afectaría también al Parque Nacional Niokolo-Koba, reserva internacional de la biosfera y lugar que la UNESCO ha declarado Patrimonio de la Humanidad debido a las 350 especies de aves y 80 especies de mamíferos (como leones, leopardos, elefantes, antílopes, monos, babuinos, jabalíes, búfalos, hipopótamos y cocodrilos) que alberga.
La deforestación se modera
Un decenio después, la deforestación se ha desacelerado y las mejores prácticas de ordenación forestal ayudaron a crear una zona de amortiguamiento contigua al parque nacional.
Este cambio se debe en gran medida al reglamento forestal de 1998 que entregó a las comunidades locales la autoridad para administrar los bosques que no están protegidos por el Estado, señala Boris Utria, Economista superior, Energía.
“Antes, los comerciantes podían talar árboles sin entregar ningún beneficio a las comunidades locales. Se les había privado de todos sus derechos sobre esos recursos”, comenta.
"Gestionan los recursos de modo sostenible, protegiendo del medio ambiente y generando ingresos a partir de éste. Y lo están reinvertiendo en diversificación económica a través de la introducción de nuevos cultivos, manadas de animales, la apicultura y actividades artesanales, educacionales y culturales."
“Ahora, la población local está a cargo de las ventas a nivel de la explotación forestal. Administran los recursos de manera sostenible, protegen el medio ambiente y obtienen ingresos del bosque. Además, reinvierten parte de los ingresos obtenidos en diversificar su economía mediante la introducción de nuevos cultivos, la crianza de animales, la apicultura y actividades artesanales, así como en bienes sociales, educación y actividades culturales".
Proyectos de gestión de la energía
Boris Utria estuvo a la cabeza del equipo multisectorial que ejecutó el Proyecto de gestión sostenible y participativa de la energía de US$20 millones financiado por la Asociación Internacional de Fomento (AIF) del Banco Mundial (US$5,2 millones), la Agencia de Cooperación Holandesa (US$8,8 millones) y el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (US$4,7 millones).
El proyecto introdujo sistemas de gestión sostenible de recursos naturales en 317 comunidades con una superficie de 300.000 hectáreas de bosques, capacitó a representantes elegidos en cada poblado en la ordenación participativa y sostenible del porcentaje de bosques y otros recursos naturales que correspondía al respectivo poblado y en producción eficiente de carbón vegetal.
El proyecto facultó a los poblados a decidir sobre el destino de los ingresos percibidos, enfoque que se conoce como desarrollo impulsado por la comunidad.
Boris Utria agrega que los resultados superaron las expectativas.
Gracias al proyecto, la deforestación se redujo en unas 39.000 hectáreas cada año, logro que superó el objetivo original de reducir la deforestación en 20.000 hectáreas.
Ya en diciembre de 2004, se había salvado aproximadamente un millón de toneladas de madera, cantidad que equivale a 1,78 millones de toneladas de emisiones de dióxido de carbono valoradas en US$1,8 millones y 312% más que los cálculos originales. Se espera que el valor económico de las reducciones de emisiones de dióxido de carbono sumen US$66 millones en 20 años.
Unas 250.000 familias urbanas y de la periferia se beneficiaron de la distribución de cocinas mejoradas a carbón de leña y otros 11.000 hogares pudieron acceder a cocinas menos contaminantes a gas licuado o a keroseno.
Alrededor de 317 poblados que nunca antes habían aprovechado los bosques ni otros recursos naturales obtuvieron ganancias incrementales por US$12,5 millones el año en que se comenzó a ejecutar el proyecto que finalizó en 2005. Desde entonces, esta cifra ha aumentado a US$15,9 millones cada año. Originalmente, el proyecto se había fijado un objetivo de US$3 millones de valor incremental sostenible.
“Este proyecto no sólo ha tenido efectos visibles y cuantificables, sino, más importante aun, se ha traducido en un verdadero cambio social que generó una dinámica de autosuficiencia y sostenibilidad económica", destaca Boris Utria. “Es su obra y, por lo tanto, mantenerla va en su propio beneficio”.
“Ellos ejecutaron el proyecto, ellos lo dirigieron, así que no puede fallar”.