23 de julio de 2007— En un nuevo documento de trabajo del Banco Mundial se advierte que los países pobres, los donantes adinerados y los organismos de ayuda están perdiendo de vista la utilidad de los anticonceptivos, la planificación familiar y otros programas de salud reproductiva para el proceso de desarrollo.
En el informe se alega que esos programas ayudan a promover el crecimiento económico y reducir las altas tasas de natalidad, que están fuertemente vinculadas con la pobreza endémica, la educación inadecuada y las elevadas cifras de muertes maternas e infantiles.
Según el nuevo informe -"Cuestiones de población en el siglo XXI: la tarea del Banco Mundial"- 35 países, en su mayor parte de África al sur del Sahara, tienen tasas de natalidad de más de cinco hijos por madre. De los 210 millones de mujeres que según se estima quedan embarazadas cada año en el mundo, más de 500.000 fallecen durante el embarazo y el parto.
Alrededor de una de cada cinco de ellas recurren al aborto provocado por inadecuado acceso a los anticonceptivos. Según el informe, alrededor de 68.000 mujeres fallecen cada año como consecuencia de abortos intencionales no seguros, 5,3 millones padecen discapacidades temporales o permanentes, y muchas terminan siendo objeto de ostracismo en sus propias comunidades.
Las prioridades se desplazan a otros ámbitos
En el informe se sostiene también que como las tasas de fecundidad se han reducido significativamente en la mayoría de los países no africanos de ingreso medio y bajo: "…las prioridades de los donantes y organismos de desarrollo se han desplazado hacia otros temas y los fondos e iniciativas mundiales han dejado de lado el financiamiento para planificación familiar, se está prestando menos atención a las consecuencias de los altos niveles de fecundidad, incluso en países que están retrasados en lograr un crecimiento demográfico sostenible".
"Las mujeres pobres soportan una carga desproporcionada en cuanto a inadecuada salud sexual y reproductiva por efecto de barreras financieras o sociales de obtención de acceso a esos programas básicos pero esenciales", sostiene Joy Phumaphi, vicepresidenta de la Red sobre Desarrollo Humano del Banco Mundial, ex directora general adjunta de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y ex ministra de Salud de Botswana, 1999-2003, quien presidió el lanzamiento del InfoShop junto con el vicepresidente para Asia meridional, Praful Patel.
"Su plena e igual participación en el desarrollo depende directamente del acceso a cuidados de salud sexual y reproductiva. El Banco está resuelto a ayudarlas, junto con el Fondo de Población de las Naciones Unidas, la OMS y los organismos técnicos de salud, para que adopten decisiones voluntarias e informales sobre la fecundidad", sostuvo Phumaphi.
Phumaphi agrega que no puede lograrse la disminución de las tasas de natalidad exclusivamente a través de programas de salud. Según ella, una mejor educación para las niñas, igualdad de oportunidades económicas para las mujeres en la sociedad y la disminución del número de familias que viven por debajo del umbral de la pobreza son también componentes esenciales de una estrategia tendiente a lograr una reducción sostenible de la fertilidad.
Las más altas tasas de natalidad se dan en África al sur del Sahara
Según el informe, las tasas de natalidad más elevadas del mundo se registran en África al sur del Sahara, donde la tasa promedio de fecundidad sigue siendo de más de cinco hijos por mujer. Aunque los patrones demográficos están convergiendo en muchas regiones, los países que van a la zaga en materia de disminución de la fecundidad y reducción de la mortalidad difieren cada vez más de los del resto del mundo.
"Cuanto más tardan los países en adoptar una modalidad de baja fecundidad y mortalidad tanto mayor es el peligro de que los países con altas tasas de natalidad sigan experimentando mayores desigualdades que los países más pudientes en educación, puestos de trabajo, esperanza de vida y prevalencia del VIH/SIDA en los adultos", afirma Phumaphi.
¿Qué puede hacer el Banco?
El Banco Mundial sigue cumpliendo un papel crucial en el fomento del acceso a todos los programas reproductivos a través de recomendaciones de políticas y asistencia financiera. En los debates de políticas con sus países clientes seguirá afirmando su duradero y fuerte compromiso con el Consenso de El Cairo, el acuerdo hito de 1994 sobre planificación familiar y salud sexual y reproductiva, y proporcionando a los países la asistencia financiera y técnica que soliciten en esa esfera.
Ese compromiso es una piedra angular de la nueva estrategia de salud, nutrición y población del Banco Mundial, que ayudará a los países en desarrollo a fortalecer sus sistemas de salud para mejorar la salud y el bienestar de millones de las personas más pobres del mundo, acelerar el crecimiento económico, reducir la pobreza atribuible a enfermedades catastróficas y proporcionar el "cemento" estructural que combine programas múltiples relacionados con la salud dentro de los países clientes.
Más financiamiento, mejoras logísticas
Los programas de planificación familiar han sido especialmente susceptibles a recibir menos financiamiento del que necesitan. Ni los gobiernos ni los donantes han cumplido sus compromisos financieros de respaldarlos y, como consecuencia, la insuficiencia de suministro de anticonceptivos plantea un creciente problema.
El Banco, con su capacidad de análisis sectorial y fiscal y su participación en diálogos de políticas con interesados de alto nivel, puede ayudar a hacer frente a ese problema crítico a través de la armonización de donantes, la alineación de la ayuda y la integración de las necesidades de financiamiento para planificación familiar en el plan nacional de salud de un país.
Otro factor que limita el suministro de anticonceptivos es el inadecuado estado de la logística en muchos países pobres. A nivel nacional, un adecuado sistema de logística puede distribuir anticonceptivos y otros suministros en forma ordenada y eficiente para que cada clínica o farmacia disponga de existencias suficientes para atender las necesidades de sus clientes.
También se reconoce que la modificación del comportamiento en los hogares es esencial para incrementar el uso de programas de planificación familiar. Los factores sociales y culturales, como la reprobación de la familia y de las comunidades, y el papel del hombre en la decisión del número de miembros de la familia, pueden disuadir a mujeres que de lo contrario podrían tener interés en obtener asistencia para la planificación, en tanto que en otros países los proveedores e incluso los programas posiblemente nieguen esta asistencia a grupos vulnerables, como los adolescentes no casados.
"La baja jerarquía social de la mujer suele representar un escollo, porque en muchas sociedades las mujeres carecen del poder de adoptar decisiones autónomas sobre uso de anticonceptivos y otros medios de atención de la salud reproductiva", dice Joy Phumaphi, de la Red sobre Desarrollo Humano. "Educar a las niñas, mejorar las oportunidades económicas para las mujeres y a la vez darles control sobre el diseño, la gestión y la supervisión de programas de salud reproductiva son vías muy importantes para fomentar un acceso más expedito a esos servicios de salud esenciales".