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Madrid, España 23-24 de febrero de 2009 Pamela Cox Vicepresidenta América Latina y el Caribe Banco Mundial
Excelencias, damas y caballeros.
Quisiera partir agradeciendo a la SEGIB, al Gobierno de España y particularmente a nuestro amigo Enrique Iglesias y su equipo por brindarnos la posibilidad de participar en este Foro donde se aborda un tema fundamental para el desarrollo que muchas veces queda en el olvido. Los costos humanos, económicos y sociales de los accidentes de tránsito en América Latina y el Caribe están aumentando todos los años. Se calcula que los costos anuales de las lesiones causadas por los vehículos motorizados ascienden aproximadamente al 1% del Producto Bruto Interno (PBI) de los países de ingreso bajo y el 1,5% en los países de ingreso mediano. Las cifras que ilustran esta tragedia humana son sorprendentes. La cantidad anual de víctimas en todo el mundo alcanza los 1,2 millones de muertos y 50 millones de lesionados: se trata de números inaceptablemente altos. Los países en desarrollo, especialmente en América Latina, son duramente golpeados por esta realidad. He aquí algunas razones que lo explican: • En primer lugar, las muertes y lesiones causadas por accidentes de tránsito afectan desproporcionadamente a los desfavorecidos: entre 80% y 90 % de las pérdidas se producen en países de ingreso bajo y mediano. • En segundo lugar, el número de choques va en constante aumento en estos países. Si no se toman medidas eficaces, las muertes vinculadas al tránsito vehicular aumentarían en dos terceras partes en 2020. • En tercer lugar, de aquí al año 2015 los choques podrían convertirse en la principal causa de discapacidad entre niños y jóvenes en todo el mundo. En este contexto que ya es dramático, América Latina y el Caribe registran la tasa de víctimas fatales per cápita más alta del mundo a causa de choques, con 26 por cada 100.000 personas y es probable que la cifra aumente a más de 30 por cada 100.000 personas en 2020. La cifra comparable de los países más seguros del mundo, entre ellos Nueva Zelandia, Suecia y Francia, es de cinco por cada 100.000 personas y va en descenso. Algunos pueden preguntarse: “¿Por qué centrarse en este tema ahora en medio de la peor crisis económica mundial en un siglo?” La respuesta es que el mundo en desarrollo paga un costo demasiado alto por esta catástrofe, puesto que, a diferencia de muchos otros desafíos que enfrentamos, los accidentes automovilísticos se pueden prevenir. De manera que la situación tal y como está, con muertes y discapacidad, es simplemente inaceptable. Por ejemplo, se calcula que el costo económico de las muertes y accidentes en los países de ingreso bajo y mediano son del orden de los US$65 mil millones al año. Se prevé que el costo de las lesiones causadas por accidentes automovilísticos aumentará en todo el mundo en más de 65 % en 2020, y en 2030, las muertes y lesiones causadas por este fenómeno serán la cuarta causa de pérdida de años saludables entre la población en general y la segunda causa de muerte entre los hombres. Además, las carreteras seguras también son más eficientes y contribuyen a reducir los costos del comercio asociados con atrasos y pérdidas. En parte debido a la baja inversión en eficiencia y seguridad, los costos de transporte en América Latina son considerablemente más altos que en el mundo desarrollado y que en muchas regiones en desarrollo con las cuales compiten. Según algunos cálculos, los costos en logística oscilan entre el 16% y el 26% del PIB de la región y entre el 18% y el 32 % del valor del producto, en comparación con aproximadamente el 9 % del PBI y del valor del producto en los países de la OCDE. No obstante, lo más importante es el hecho de que estas frías estadísticas ocultan una enorme tragedia humana. Detrás de cada uno de estos casos hay una familia que pierde las esperanzas de un futuro mejor, niños que deberán luchar mucho más para acceder a las oportunidades debido a su discapacidad y madres que tendrán que trabajar dos o tres jornadas porque sus maridos están muertos o discapacitados. Una responsabilidad compartida Mejorar la seguridad vial es una responsabilidad compartida. Reducir estas cifras requiere la acción concertada de varios sectores en un país o región. Para ello, es fundamental contar con liderazgo y líneas claras de responsabilidad y transparencia institucional. Es tan importante contar con rutas más seguras y mejor diseñadas como: • Aplicar buenas leyes de tránsito para proteger y sancionar cuando corresponda a los automovilistas; • Generar y difundir información y conocimientos para educar a los usuarios en materia de seguridad; y • Mejorar la disponibilidad y calidad de los sistemas de respuesta de emergencia y supervisión en la salud pública. Estos desafíos no serán fáciles de abordar, pero todos debemos estar a la atura. Los gobiernos deben unirse al sector privado, la academia y la sociedad civil para forjar coaliciones eficaces que ayuden a diseñar e implantar programas nacionales. Ya hay bastantes ejemplos de asociaciones exitosas, algunas de las cuales conoceremos en esta conferencia. A continuación menciono algunos ejemplos: • Exigir el uso del cinturón se seguridad • Campañas que eviten la conducción en estado de embriaguez • Mejor capacitación de los conductores y de la seguridad vehicular Muchas de estas asociaciones se benefician de la asistencia que proporcionan organismos internacionales y ONG comprometidas con la creación y la difusión de prácticas óptimas de seguridad vial. Lo fundamental es cambiar las conductas. La reciente campaña “Tolerancia Cero” adoptada en Brasil contra la conducción en estado de embriaguez ha dado excelentes resultados y las muertes debido a accidentes de tráfico se redujeron en más de 60% en la cuidad de Sao Paulo. La función del sector transporte En la región, el sector transporte está íntimamente ligado a la seguridad vial. Mejorar la infraestructura de transporte en América Latina no sólo favorece la logística y facilita el comercio, sino que además sirve para mejorar la asequibilidad, la eficiencia y la seguridad. Las malas noticias son que la inversión total en transporte terrestre ha disminuido en los últimos 20 años, de 1,06% del PBI en 1980-1985 a 0,37% del PBI en 1996-2001. En parte debido a este bajo nivel de inversión, los costos del transporte en América Latina son considerablemente más altos que en el mundo en desarrollo y que en muchas economías emergentes con las que compiten. La región es una de las más urbanizadas del mundo, pero casi el 40% de los habitantes urbanos viven en la pobreza —la tasa más alta del mundo— con escasos servicios básicos y pocas alternativas de transporte. Ampliar la infraestructura física –inclusive aceras, ciclovías, rutas de buses y caminos– y proporcionar medios asequibles de transporte público son aspectos fundamentales para mejorar la movilidad de los pobres y su acceso a oportunidades económicas y sociales. Dadas las restricciones fiscales y el impacto de la crisis económica mundial en la región, estamos aportando a las gestiones destinadas a obtener más por el dinero que se invierte en activos de transporte, lo que incluye programas que: • Aumentan el gasto en zonas de alto impacto, • Reducen la congestión y la contaminación en zonas urbanas, • Apoyan enfoques innovadores para la participación del sector privado a través de alianzas público-privadas, • Propician la eficacia del gasto público y • Productos financieros innovadores, tales como garantías de riesgo parcial. Les daré algunos ejemplos de nuestra participación en la región que ilustran de qué manera los proyectos de transporte constituyen una solución donde todos ganan en materia de seguridad vial: • El trabajo llevado a cabo en países como Brasil, Perú, Colombia, México y Argentina en cuanto a reforma del transporte urbano está generando beneficios y mayor seguridad con vías exclusivas para buses en las calles, acceso más seguro a transporte y el retiro de las calles de buses inseguros e ineficientes. • El trabajo iniciado con nuestros clientes en Argentina y Perú con el fin de mejorar la seguridad en corredores clave de infraestructura vial redujo el número de curvas en los caminos, mejoró las líneas de demarcación y las señales viales y creó mejores instalaciones para el paso de peatones. Los programas en estos países abordarán temas reglamentarios, como licencias para conductores y vehículos. También estamos avanzando en la preparación de proyectos multisectoriales de seguridad vial en corredores de demostración donde se aplican mejoras en infraestructura junto con mayor fiscalización del cumplimiento y respeto por las leyes. El sector de salud podrá colaborar a través de mejores mecanismos de respuesta ante emergencias en todo el corredor de demostración. La Iniciativa Mundial de Seguridad Vial y la comunidad internacional Pero para mejorar la seguridad general del transporte vial en América Latina y el mundo, la comunidad internacional debe unirse para compartir conocimientos, prácticas óptimas y mejorar las sinergias. Paquetes de estímulo multimillonarios se han puesto en marcha en Argentina, Brasil, México y Chile, con grandes inversiones en infraestructura. Con la orientación correcta, podemos velar porque los nuevos sistemas viales generados a partir de estas inversiones sean seguros y eficientes y que reduzcan los costos en cada país y en la región en general. Como parte de la Campaña “Mejorar la Seguridad Vial” lanzada en junio de 2006, la Comisión Mundial sobre Seguridad Vial convocó a: • Invertir en seguridad vial un mínimo de 10% de todos los costos de infraestructura en transporte. • Recaudar US$300 millones de aquí a 2015 para ayudar a implantar las recomendaciones del Informe Mundial sobre Prevención de Accidentes de Tránsito. • Organizar una conferencia a nivel ministerial sobre seguridad vial, que se llevará a cabo este mismo año 2009 en Moscú. • Los países en desarrollo podrán aprender de las buenas y malas experiencias de las naciones industrializadas, y fijar indicadores de desempeño y metas nacionales. La Iniciativa Mundial de Seguridad Vial –con sede en el Banco Mundial pero que atiende a los intereses de todos aquellos involucrados en la seguridad vial del mundo– fue creada en noviembre de 2005 para apoyar la implementación de las recomendaciones del Informe Mundial sobre Prevención de Accidentes de Tráfico 2004 de la OMS/Banco Mundial. Sus principales objetivos son: • Fortalecer la capacidad mundial, regional y nacional; • Catalizar inversiones en seguridad vial; • Acelerar la transferencia de conocimientos; y • Propiciar mejoras innovadoras en infraestructura. Tanto a través de asistencia directa y de asociaciones con organizaciones como la Base de Datos Internacional de Accidentes y Tráfico Vial (International Road Traffic and Accident Database, IRTAD) y el Programa Internacional de Evaluación Vial (International Road Assessment Program, IRAP), la Iniciativa ha comenzado con paso firme en la generación y la transferencia de conocimientos, promoviendo enfoques innovadores para el mejoramiento de la seguridad vial. • Juntos podremos concentrarnos más en conseguir las instituciones y las personas adecuadas para gestionar y coordinar la respuesta nacional y regional. • Juntos podemos velar porque los planes de inversiones nacionales y regionales se generen sobre la base de estrategias sólidas y mecanismos adecuados para medir y evaluar el impacto. • Juntos deberemos asignar más recursos, financieros, técnicos y humanos para abordar esta apremiante prioridad mundial. Es fundamental que la comunidad internacional continúe y expanda su apoyo financiero para la Iniciativa. Acogemos con los brazos abiertos a nuevos donantes a fin de aumentar el impacto y el alcance de sus programas. Les agradezco nuevamente por esta oportunidad y estoy segura de que en estos dos días seremos testigos de un debate muy interesante y con visión de futuro sobre cómo mejorar la seguridad en los caminos de nuestra región. Gracias,
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