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Discurso: Dra. Virginia Borra, Secretaría Técnica de la Secretaría del Comité Interministerial de Asuntos Sociales, Presidencia del Consejo de Ministros, Perú

virginia borraMuchísimas gracias, buenas noches con todas y con todos. Yo quiero en primer lugar agradecer la invitación del Banco Mundial de venir un momento a compartir con ustedes este trabajo que están haciendo, este análisis que están haciendo, esta interacción que existen entre representantes de las diferentes instituciones de los diferentes países que están participando en este evento. Y agradezco por varias razones, ¿no?



Primero, porque es un tema que creo que nos debe unir a todos, no solamente en el Perú sino en el mundo. Segundo, porque yo como mujer me siento más que identificada con todo el proceso de trabajo que se ha venido desarrollando en la humanidad para que la mujer encuentre un sitio ¿no?... en su hogar, en la sociedad, en el trabajo, en la política, en la religión, y en todas las actividades económicas productivas en las cuales se desarrolla el mundo. En tercer lugar, porque estoy absolutamente convencida de que la mujer sólo ha empezado a dar los primeros pasos de un despegue.

Yo recuerdo muchísimo y creo que entre ayer, hoy día y mañana, ustedes han tratado el tema, muchos expertos y han tratado de profundizar cada uno de los avances que se han desarrollado y también áreas temáticas en el tema de género y de mujer vinculado con la infraestructura.

Pero a mí me han pedido que yo les comente en algo mis experiencias que he tenido en el trabajo que he desarrollado, en el trabajo profesional y de repente también político, porqué no, que he desarrollado. Y un poco ciñéndome  a ese tema, ¿no?, quiero empezar diciéndoles que, en primer lugar, para trabajar en el sector social y para trabajar en el desarrollo de la mujer hay que tener cierta sensibilidad. ¿no? Hay que sentirlo en la piel, hay que sentirlo en la mente, en el corazón, hay que vivirlo ¿no? Si no, estamos demás.

Si lo hacemos solamente porque es un tema actual, porque es un tema vigente, porque de repente nos interesa personalmente que la mujer sí tenga un espacio porque nosotros podemos ser parte de ese espacio, entonces no estamos logrando personalmente, y de repente también dentro de la comunidad en la cual vivimos, mayores resultados.

Y yo, si tengo que hablar de mi vivencia, tengo que proyectarme muchísimos años atrás y tengo que proyectarme a mi infancia. Yo vengo de una familia muy numerosa. Somos nueve hermanos, mis abuelos han tenido siete hijos, o sea, tengo muchos tíos, muchos primos, mucha familia. Tengo muchísima familia de los cuales muchas somos mujeres, la mayoría somos mujeres. Hay más mujeres que hombres en mi familia. Pero mi abuelo era un tipo muy especial, mi abuelo era una persona que tenía un negocio en un área de Lima que era muy comercial pero muy populosa, muy popular, con mucha gente que dependía de pequeños negocios, de pequeñas actividades.

Y él llegaba a la casa y nos enseñó a aceptar a la gente como era por lo que era. Y a veces no lo entendíamos en la familia, yo estaba muy pequeña pero fueron mis primeros enlaces con lo que es la vida social y el desarrollo que uno tiene que tener en ese sentido.

Y  llegaba con una persona y decía: “él es mi amigo y se va a sentar a la mesa”. Y era una persona de esas que pedían limosna en la calle: muy humilde, a veces muy mal presentado, con mucha falta de higiene muchas veces, como están a veces las personas que piden limosna en la calle. Y lo sentaba en la mesa con nosotros.

A veces mis tías, que ya eran jovencitas, ¿no?, muchachas, decían: “cómo puede ser” ¿no?, cómo mi papá puede hacer esto. Pero así nos enseñó a aceptar a la gente por lo que son y por lo que valen y eso me fue marcando en la vida. Por eso es que, desde muy pequeña, de repente estuve muy sesgada a dedicar mis actividades a la parte social; a la parte de apoyo, de ayuda, al trabajo con los niños y niñas.

Nosotros tenemos una institución en Surquillo; que es un barrio muy populoso en Lima con mucha gente pobre, pero además con mucha gente complicada porque hay mucho problema de drogas, de prostitución. Tenemos 30 años trabajando con niños y jóvenes sin ningún apoyo, solamente es el apoyo familiar, donde tratamos de que estos niños y jóvenes puedan encontrar un desarrollo.

Y la gran satisfacción que sentimos a nivel familiar con mis hijos, (que lo sentí con mi esposo hasta que él estuvo acá, en este mundo),  fue el ver que chicos y chicas, hombres y mujeres, han podido tener una profesión. O sea, han salido del marasmo de la vida que tenían y han logrado, en la vida, han logrado desarrollarse hasta lograr profesionalizarse.

Hoy día tenemos abogados, tenemos relacionadores industriales, tenemos sociólogos, tenemos economistas, y tenemos algunos que están en la universidad. Entonces eso es un poco la mirada desde el punto de vista personal. Pero la vida también me orientó hacia ese trabajo. Yo también provengo de un hogar político, mi abuelo fue regidor en un Consejo, o sea, parte de la municipalidad. Mi padre fue político desde muy joven, vinculado a un partido político, y desde que yo tengo uso de razón, me llevaba de la mano.

Entonces lo natural, lo obvio, era que tuviera un desarrollo   político en mi vida. Porque al comienzo era porque había actuaciones, entonces nosotros íbamos a recitar, a cantar, a bailar; pero después, conforme fuimos creciendo, comenzamos a participar intensa y activamente en la vida política. Primero de nuestro barrio, de nuestro distrito, y después ya fuimos encontrando niveles de desarrollo en la universidad.

Entonces también la vida política me ayudó y me facilitó mucho a tener una mirada también hacia dónde yo podía proyectarme en el futuro. Así, con esta pequeña reseña, ¿no?, fui entrando a un tipo de trabajo social y político muy vinculado con la gente.

Mis primeras experiencias...  yo tengo dos profesiones: soy economista y soy docente, pero me dediqué durante los primeros años de mi vida a la docencia porque me fascinaba enseñar. Creo que cuando uno enseña y transmite conocimientos a los demás… y hace que alguien aprenda algo, creo que son las mejores sensaciones. Después de tener un hijo, creo que la mejor sensación que uno puede tener en la vida es enseñar, transmitir lo poco que uno sabe y que conoce en la vida.

Entonces me dediqué a la docencia, que también es parte de un trabajo social, y en esa vinculación en el trabajo docente y político, me desarrollé en muchas actividades de contacto, especialmente con las mujeres. Comencé a trabajar en el trabajo social con las mujeres, organizando grupos de mujeres, grupos femeninos, que no tenían oportunidad,  pero que había que generarles la oportunidad.

Que piensen que deben buscar una oportunidad. Porque lo peor que puede pasar cuando uno encuentra grupos de mujeres… hoy día ya no, ¿ah?... Hoy día con los medios de comunicación ha cambiado, pero yo les estoy hablando de 40 años atrás.

Y en ese momento, los medios de comunicación todavía no estaban muy desarrollados, todavía no había mucha información a la gente. La televisión era incipiente, había más radio… ¿no?, el teléfono era muy caro, no habían redes de comunicación muy grandes, no había internet, no había computación,  no había nada.

Entonces la  mujer estaba muy circunscrita a su radio de trabajo y de acción del hogar. Entonces, hacer que la mujer piense en generarse una oportunidad para el futuro es todo un trabajo, porque están muy acostumbradas a estar en su casa, a mover la olla, a lavar la ropa, ¿no?, y a no pensar en que pueden ser, en  principio, parte de un apoyo en el hogar.

Y después ser parte importante en el desarrollo de la familia, de los hijos y del hogar. Y fue muy interesante, tengo muchísimas anécdotas, muchas experiencias de mujeres y alguna mía (y me acabo de acordar una)… algunas vinculadas inclusive con el tema de la violencia.

En el año ‘85, cuando asume en su primer gobierno Alan García Pérez, me llama a trabajar en un programa social que se llamó el programa de asistencia directa. Y era un programa eminentemente vinculado al sector femenino. Trabajar con organizaciones de mujeres y formar organizaciones de mujeres. Empezamos ese trabajo con su esposa, la señora Pilar Nores, a organizar todo un proceso.

¿Qué encontramos en el país, primero? Encontramos unas cocinas familiares que había hecho la esposa del presidente anterior, la señora Violeta Correa de Belaunde, que eran noventa y tantas cocinas familiares, y encontramos algunas organizaciones dispersas de las mujeres a través de los comedores populares.

Nosotros organizamos el club de madres como un ente central de trabajo de la mujer, con tres áreas especificas: uno que era el comedor popular para poder proveerse, todo un núcleo de 60 mujeres, de alimentación, con una cocina que les permitiera en su hogar tener tiempo libre para dedicarse al aspecto productivo y formamos los talleres de producción.

Pero al lado de ello, vinculado con la educación, formamos los programas no escolarizados de educación escolar… de educación inicial (perdón), porque las señoras no tenían con quién dejar a sus hijos para dedicarse a aprender y para dedicarse en la tarea rotativa de la cocina. Y esa fue una experiencia increíble. Nosotros encontramos… yo  hice un análisis, un estudio de esa realidad y encontramos nosotros aproximadamente 200 organizaciones de mujeres en el país.

Dejamos, después de cinco años de gobierno, 9.650 organizaciones de mujeres. Y, ¿cuál ha sido el resultado de ello?, ¿qué ha pasado con esas mujeres organizadas en todo el país a las cuales se les dio en primer lugar un mensaje de organización, de trabajo organizativo, solidario, comunitario, y de aprendizaje permanente?

A mí me da muchísimo gusto, y creo que es una de las satisfacciones más grandes que he podido tener en mi vida, cuando me encuentro a lo largo y ancho del país con muchas de esas mujeres que hoy día tienen cargos. En su comunidad hablan de igual a igual con el alcalde, discuten de igual a igual con las autoridades porque se han empoderado.

Algunas son autoridades. Acá en Lima, en Carabayllo tenemos una regidora, la Sra. Nelly Miranda, que es producto de una organización popular. Y entonces han logrado un desarrollo personal. Pero al lado de ese desarrollo personal han logrado insertarse, tal vez en muy poca escala, pero han logrado insertarse en el aparto productivo de su comunidad, porque se les enseñó diferentes artes y oficios para que puedan trabajar, y entonces muchas de ellas se formaron.

Aquí en el Perú nosotros tenemos una fibra que es muy cotizada a nivel internacional, que es la fibra de alpaca. Y nosotros les enseñamos a ellas... les dimos  muchos, muchos talleres para hacer chompas de alpaca. Y entonces, ¿quiénes ganaron? ganaron ellas porque al final trabajaban y tenían un ingreso.

Pero ganaron también los exportadores de fibra de alpaca. Porque tenían mano de obra abundante calificada que nosotros desarrollamos y trabajamos con ellas. Entonces fue todo un proceso de cinco años de vinculación directa con las mujeres y [inaudible 00: 15:23]  satisfacción es verlas haberse desarrollado, hoy día nos encontramos en eventos, así como este y en muchos otros eventos, y ellas ya conocen de su realidad local, conocen de la realidad nacional.

Muchas conocen de la realidad internacional…  Muchas van y pelean y discuten el presupuesto participativo en su comunidad para que los alcaldes puedan realmente hacer obras que sean necesarias e importantes para su comunidad. Han entrado en otro proceso. En un proceso diferente que es el simple proceso de ser una mujer ama de casa que mueve la olla, que baña a los hijos, que los manda al colegio, que atiende al esposo, y que tiene que planchar y cocinar y lavar la ropa. Han entrado en una dinámica diferente.

Pero yo les decía al comienzo que me hizo recordar todo este proceso de trabajo con la mujer porque en un inicio se vinculó mucho con la violencia. La mujer estaba muy pegada a su hogar y en el Perú, como en muchos países del mundo, existe todavía un machismo muy fuerte. El hombre no quiere ver que la mujer se desarrolle, el hombre no quiere ver que la mujer vaya a determinados espacios porque tiene temor de que pueda sobrepasarlo.

Y yo recuerdo mucho que en un distrito que se llama de Comas, que está en el cono norte de Lima, se comenzaron a reunir los grupos de mujeres al inicio del trabajo, y entre ese grupo de mujeres fue una señora. Muy entusiasmada habló al comienzo, ¿no? y dijo que ella sí quería participar dentro de la organización. Pero de repente en la reunión siguiente no fue, y en la siguiente no fue… entonces dijeron “¿Pero cómo? Si ella tenía ganas de hacerlo, ¿por qué no viene?”. Entonces fueron una comisión a buscarla a su casa y le dijeron: “Mira, ¿sabes qué?  Queremos que participes, te hemos visto que tienes ganas. Ya nos estamos reuniendo, nos estamos organizando, estamos queriendo ser alguien nosotras como mujeres, sentirnos bien. Y entonces ella les dijo: “Mire, he tenido problemas pero voy a ir”. A la siguiente reunión fue, esta señora, ¿no? Y participó y dijo que sí, que estaba encantada de hacerlo y cuando regresó a su casa, el esposo la estaba esperando.

Y pasó lo que pasa en muchos hogares: la violentó, le pegó y la dejó prácticamente desfigurada. Pero alguien les avisó a estas mujeres. Alguien les pasó la voz de lo que había sucedido en ese hogar. Y entonces al día siguiente, fueron a la casa, en grupo, todas, cerca de 40 mujeres. La visitaron a la señora, la vieron el estado en que estaba. El esposo no estaba. La llevaron a la comisaría, asentaron una denuncia, y regresaron a la casa y lo esperaron hasta que el esposo llegó. Y cuando él llegó, le dijeron: “Mira lo que le has hecho a tu mujer. Si tú, porque ella participe en la organización, vuelves a ponerle un dedo a ella, vuelves a hacerle algo, todas las que estamos acá te vamos a hacer lo mismo a ti.

El hombre se llevó tal susto, que nunca más la violentó a la señora. O sea, esa solidaridad de la mujer con la mujer violentada, que es lo que tenemos que trabajar todos, ¿no? Porque el problema es que cuando vemos una mujer violentada, aceptamos esa violencia y no la denunciamos, ¿no? No somos capaces, si somos vecinas, o si somos amigas o hermanas, de denunciar a quien violenta a la mujer. Y es parte del proceso, ¿no? de ubicación de la mujer en el mundo.  Buen, esa es una experiencia, una experiencia de esos años muy valiosa porque me enseñó que no solamente se lucha por lograr un espacio, no solamente se lucha por conseguir un voto, no solamente se lucha por tener un cupo dentro de la participación política de la mujer, sino se lucha en el día a día, por encontrar un espacio en su comunidad y se lucha en el día a día por encontrar un espacio en la familia, que son los primeros pasos que tiene que dar la mujer.

 

Los que tenemos la suerte de no haber tenido esos problemas y no lo analizamos, de repente pues decimos: “No… no, no, no es tan complicado”.  Pero la mujer que vive dentro de esos ambientes y que vive dentro de ese espacio, realmente tiene muchísimos problemas para poder participar en la vida. Entonces tenemos que enfocar de acuerdo a la situación social y económica de la mujer, el tipo de trabajo que tenemos que desarrollar, aunque en este caso de la violencia se da en todos los niveles socioeconómicos, mujeres con… yo he conocido, y se los voy a mencionar, personas en… mujeres en muy altos cargos, y que de repente han sido violentadas por su esposo y no han sido capaces de denunciarlo.

 

Entonces en ese tema creo que todos debemos actuar e interactuar. Pero bueno, después he continuado trabajando en programas de generación de ingreso y de trabajo para mujeres. Esa ha sido un poco mi especialidad durante casi ocho años en la década del ’90, y ya posteriormente, he tenido el honor, la suerte, el orgullo, la satisfacción… personal, profesional, como hija, como esposa, como madre, como miembro de la comunidad… de poder ser designada por el presidente de la República como Ministra de Estado en el Ministerio de la Mujer y el Desarrollo Social aquí en el Perú, entre los años 2006 y 2007.

 

Y esa ha sido una experiencia distinta… totalmente diferente porque ya no fue la experiencia de trabajo organizativo con mujeres, de hacer que entienda una dinámica distinta de acción para que puedan encontrar un nivel, un espacio en su comunidad, en la sociedad y en el país. Sino ya fue un trabajo distinto, de decisiones, de políticas, que pudieran también ir generando otro tipo de espacios a la mujer.

 

Nosotros hemos dado un impulso muy grande, por ejemplo a la ley de igualdad de oportunidades que en el año 2007, en marzo del 2007, el Congreso de la República la aprobó y que después el presidente de la República la promulgó. Y esa ley de igualdad de oportunidades ha sido muy importante para que la mujer sienta que no solamente es ella, la familia, la sociedad, sino además es el Estado y las leyes y las normas las que las respaldan en el sentirse absolutamente igual que el varón, absolutamente igual que el esposo, y que puede, además, dentro de la familia, tomar decisiones al lado de él. Ya no es: “Mira, haces esto” o “Mira, los chicos van o no van o a tal colegio van o tanto vamos a gastar, sino es: “qué vamos a hacer”, “a dónde los llevamos”, “cómo hacemos”, “cómo interactuamos”… o sea, es darle un espacio distinto de seguridad a la mujer para que pueda ella trabajar y desarrollarse.

 

Trabajamos mucho en el tema de violencia contra la mujer, trabajamos mucho en el desarrollo, en el impulso de la mujer… pero miren ustedes la diferencia y cómo va marcando la diferencia en los años. Cuando yo postulé a la universidad en el año 1961, y ingresé a la universidad a la Facultad de Economía de San Marcos, éramos 250 ingresantes: nueve mujeres, 241 varones. Cuando terminamos la universidad en el quinto año, terminamos 49: nueve mujeres, 40 varones.

 

Esta es la diferencia, lo que nos marca a nosotras las mujeres ¿no? Los hombres dejan en el espacio muchas cosas: o porque se casan, o porque se aburren, o porque simplemente ya no quieren. La mujer cuando empieza algo, lo termina porque es parte de su estructura mental, de su lógica ¿no? Yo empiezo algo, me cuesta trabajo, me cuesta esfuerzo, yo lo acabo, ¿no?  Entonces, eso por ejemplo fue un ejemplo que también me marcó y hoy día me da mucha satisfacción cuando veo que en las universidades, en las escuelas de pregrado, casi van a la par: ingresen 50 hombres, 50 mujeres o 48-52 o 46-54. Pero casi van a la par en el ingreso.

 

Pero si nosotros analizamos en las escuelas ya de maestría, el 70% son mujeres y el 30% varones. Y si vamos un poco más allá, y vamos al doctorado, el 90% mujeres y el 10% varones. ¿Será por eso que dicen que el siglo XXI será el siglo de la mujer? Porque está buscando calificarse, ser más competentes.

 

Y hacia eso debemos dirigir nuestros esfuerzos. Hacia hacer que la mujer no solamente busque un espacio en la sociedad porque lo marca la ley. Porque tenemos una ley de cupos, hay una ley de participación o porque buscamos que en las listas de participación política para las elecciones tener la paridad: mitad mujeres, mitad hombres.

 

O si no, porque buscamos que haya alternancia también (porque a veces hay la paridad pero los primeros 50 hombres van adelante y las mujeres van a la cola), ¿no? y entonces no salen electas. Entonces, también queremos la alternancia de una mujer-un hombre, o un hombre-una mujer, sino además hacer que la mujer entienda que tiene que buscar también su propia ubicación y su propio espacio, calificándose y siendo competente.

 

Creo que si logramos eso, vamos a poder lograr mucho. Pero tenemos un reto además. Países como el Perú y como países que están en vías de desarrollo: nosotros tenemos un problema social muy grave. Y ese problema social es el nacimiento de niños y el crecimiento de niños con desnutrición infantil crónica.

 

Aquí en el Perú tenemos el 20% casi de niños, o sea 20 de cada 100 son desnutridos crónicos. Y el desnutrido crónico no es un niño que esté con talla baja o con peso muy ligero, sino es un niño que tiene sus capacidades intelectuales y cognitivas disminuidas, o sea, ya es un niño disminuido en la vida ¿no? Es ya un discapacitado. Y discapacitado mental, lamentablemente.

 

Entonces hay que empoderar a la mujer de las clases populares, a la mujer rural, a la mujer andina, a la mujer de la selva, de las comunidades. Hay que enseñarle, capacitarla, alfabetizarla, sacarle de ese marasmo de vida que vive y enseñarle que tiene que capacitarse, tiene que aprender a leer y a escribir, tiene que saber enseñar, criar a sus hijos, saber enseñar, saber utilizar adecuadamente los productos nutritivos de su zona para poder tener hijos cada día menos desnutridos y que en el mundo no haya hambre, que en el mundo no haya ese tipo de niños que no tienen la oportunidad que otros hemos podido tener en la vida.

 

Bueno, yo no les quiero quitar mucho tiempo, son muchas experiencias, son muchas anécdotas en la vida, es un trabajo realizado durante muchos años, ya yo tengo “…y tantos” años. Entonces, creo que también es importante compartir entre nosotros.

 

Yo felicito a quienes han organizado este evento que permite interactuar, conocer la realidad de todos los países, el trabajo y el avance que se está haciendo en el mundo, pero más que todo, y lo que más me interesa, es poder darme cuenta en el día a día cómo las mujeres estamos avanzando en el mundo, cómo se está logrando su participación social, su participación política, cómo muchas mujeres son jefas de hogar y lo hacen muy bien y tienen hijos que los educan y son profesionales, cómo muchas mujeres se logran espacios en las carreras en que antes solamente podían trabajar hombres, trabajar varones.

 

Hoy día, la mujer va al espacio, la mujer maneja un camión, la mujer hace cualquier tipo de actividad. No hay actividad económica, productiva que ella no pueda desarrollar.

 

Nosotros hemos dependido durante muchísimo tiempo y seguimos dependiendo de la mujer para comer. Porque en el campo, es la mujer la que trabaja, para que nosotros podamos abastecernos de los productos que requerimos para alimentarnos. Entonces es la mujer la que está potencialmente siempre ahí. Hacia ella debemos dedicar nuestros esfuerzos: hacia lograr que universalmente la mujer sea educada, sea capacitada y que pueda tener la oportunidad que las que estamos acá hemos tenido en la vida.

 

Muchísimas gracias.      [Aplausos]

Para consultar el cronograma del taller, la lista de participantes y las presentaciones, incluido el programa de televisión transmitido por Canal 8, visite http://go.worldbank.org/7P1W4ASU50.




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